jueves, 8 de diciembre de 2016

¿Deberíamos extinguir a los mosquitos?


Los mosquitos son una de las pocas cosas más odiadas que Arjona o Justin Bieber. Pero una cosa es odiarlos porque nos molestan en el parque. Y otra es vivir en regiones tropicales, donde abundan enfermedades como la Malaria, y 250 millones de personas se contagian cada año. La OMS estima que sólo en 2015 murieron 438.000 por esta enfermedad, y la cifra llega casi al millón si le sumamos otras enfermedades como el dengue, zika, chikungunya y la fiebre amarilla. Los mosquitos son la única especie que cada año mata a más humanos (830.000) que los propios humanos (580.000), en guerras y asesinatos. De hecho, matan a más gente que las serpientes, cocodrilos, escorpiones, vinchucas, hipopótamos, perros, leones, tiburones, y los propios humanos, todo sumado.

Claramente son un problema de salud pública, y en la mayoría de los países subtropicales o tropicales se gastan millones de dólares cada año en fumigaciones masivas y campañas de prevención (repitan conmigo: vaciar recipientes de agua que están a la intemperie, instalar mosquiteros y usar repelente). Esta enorme inversión reduce un poco la cantidad total de estos insectos, pero no solucionan el problema de fondo: los mosquitos siguen existiendo, siguen molestando, y siguen matando.

¿Deberíamos eliminarlos totalmente de la faz de la Tierra? 

Suena como la propuesta de ese taxista que si lo dejaran ser presidente, acabaría con la delincuencia y la corrupción en un sólo día. Pero muchos científicos se han planteado esto en serio (lo de los mosquitos digo), y hasta escribieron artículos en revistas serias que repasan las consecuencias que algo así podría acarrear.

Existen cerca de 3500 especies de mosquitos que se alimentan de néctar y frutas, pero sólo las hembras de unas 100 de esas especies, entre las que se encuentra el infame Aedes aegypti, pican a humanos y otros mamíferos para usar proteínas de la sangre en el desarrollo de sus huevos. Lo que es interesante porque reduce un poco la amplitud de la matanza.


En las últimas décadas hemos extinto miles de especies, casi todas fueron por destrucción de hábitats naturales o caza indiscriminada, pero ninguna fue una eliminación intencional. En 2010, la revista Nature consultó a ecologistas y entomólogos de todo el mundo con esta pregunta, y la mayoría argumenta que la extinción de las especies de mosquitos más peligrosas podría no tener muchas consecuencias negativas. Los murciélagos, aves y reptiles que se alimentan de ellos, podrían pasar a alimentarse de alguna otra especie que tome su lugar. Jeffrey Hii, un especialista en Malaria explicó incluso que un genocidio mosquitero tendría un impresionante impacto en el desarrollo de los países africanos, donde se gasta un 1,3% del PBI en la lucha contra esta enfermedad.
Aun si se observara algún desequilibrio ecológico a gran escala, difícilmente sería más grave que la muerte de casi un millón de personas que está sucediendo cada año producto de las enfermedades que los mosquitos transmiten.

Extinguir intencionalmente una especie es una cuestión que acarrea muchos debates filosóficos, ecológicos y hasta políticos, pero también está la inevitable pregunta:

¿Cómo lo hacemos?

Científicos australianos descubrieron en 2009 que se pueden infectar mosquitos Aedes aegypti macho con la bacteria Wolbachia (que no afecta a los humanos), y ésta evita que los huevos de las hembras eclosionen. La fundación de Bill y Melinda Gates empezó a financiar numerosos experimentos que consisten en la liberación masiva de mosquitos con esta bacteria en Brasil, Australia, Colombia, Indonesia y Vietnam, en el marco de su programa internacional Eliminate Dengue. Y en octubre de 2016, anunciaron el lanzamiento de un programa de gran escala en latinoamérica, gracias al financiamiento del Ministerio de Salud de Brasil, que esperan tenga un resultado medible en un plazo de 2 a 3 años.

La empresa británica Oxitec propone dar un paso adelante mediante el desarrollo de un mosquito transgénico (es raro pensar que no hay tomates transgénicos pero sí mosquitos), que al fecundar a las hembras, dan crías que mueren antes de llegar a la madurez. Ya realizaron experimentos locales en Panamá, las Islas Caimán y en Piracicaba (Brasil) entre 2010 y 2015, donde se liberaron millones de estos mosquitos Friendly Aedes transgénicos.

En Piracicaba por ejemplo, se redujeron los casos de dengue de 3487 (en el verano de principios de 2015) a 1676, en el verano de 2016. Que es bastante, pero sigue sin mover mucho la aguja respecto a los 1.390.000 casos que se registraron en Brasil en la primera mitad del año. Y hay que esperar para ver cómo sigue, porque la planta de Oxitec en esta ciudad está liberando unos 10 millones de mosquitos transgénicos por semana.

Asesorados por los directores de El Juego del Miedo, Oxitec muestra a los vecinos que sus mosquitos transgénicos Friendly Aedes OX513A no pican ni transmiten enfermedades.

Estas dos estrategias, dignas de alguna película con Tom Cruise o Daniel Craig, fueron calificadas como "prometedoras" en un boletín de 2016 de la OMS. Todavía están en etapas de experimentación y no se conocen los efectos que podrían tener a gran escala. Sólo es cuestión de esperar buenos resultados, y esperar que no se descubra algún gran fraude multimillonario o un plan para conquistar el mundo.

Lo que nos lleva a otra cuestión. Si todo sale bien en estos experimentos (para nosotros, no para los mosquitos, claro) ¿Se sentarán expertos de varias áreas y países para debatir si conviene exterminarlos? ¿O seguirán adelante sin preguntarle a nadie? ¿Seguiremos dilatando el tema mientras mueren 1 millón de personas por año? ¿Qué es lo peor que puede pasar?


miércoles, 30 de noviembre de 2016

¿Se puede distinguir un tomate transgénico de uno natural?


Imaginate tener un medio con 15 millones de seguidores, y usarlo para mentir. Pero mentir de verdad. No decir que un político robó más o menos, u opinar sobre deportes. Estoy hablando de La Bioguía, una página que da consejos desde cómo poner plantas en el balcón, hasta qué árboles abrazar para curar cada tipo de cáncer, y esta semana viralizó un artículo titulado “Cómo distinguir un tomate ecológico de uno transgénico”. Este es particularmente nefasto, no sólo porque alienta el miedo a los alimentos genéticamente modificados, sino porque no existen tomates transgénicos. ¿QUÉ? ¿CÓMO?

El fenómeno de la transferencia de genes entre distintos organismos se viene estudiando desde los años ‘50 con el estudio de los antibióticos. Los científicos notaron que cuando alguna bacteria se reproducía, y presentaba una mutación natural que la hacía resistente a los antibióticos, rápidamente podía “comunicarse” con sus hermanas, y transferirle parte de los genes que la hacían resistente. Esto fue particularmente revolucionario, porque sabíamos que la Evolución funcionaba cuando un organismo hereda alguna característica favorable a su descendencia, pero acá descubrimos que algunos también podían hacerlo frente a sus hermanos.


Y también fue revolucionario porque los científicos dijeron: “Ha ha ha, si la naturaleza puede, nosotros también, y así vamos a conquistar el mundo”. En realidad no fue tan tan así. El primer intento de modificar genéticamente una bacteria fue en 1978, cuando tomaron un ejemplar de la temida Escherichia coli, y le insertaron los genes humanos responsables del producir insulina. Esta bacteria de mierda (ba dum tss) se transformó en una fábrica de esta preciada sustancia que cada día salva la vida de millones de personas con diabetes en todo el mundo.

El siguiente paso importante en la ingeniería genética fue en 1983, cuando se publicó cómo hackearon a la bacteria  Agrobacterium tumefaciens, conocida por infectar árboles e introducirles información genética que generaba tumores, para que les inyecte otros genes, con el fin de, por ejemplo, proveer resistencia a algún herbicida.

El primer alimento modificado genéticamente fue el tomate Flavr Savr en 1992 de la empresa Calgene (PERO ANTES DECÍA QUE NO EXISTÍAN LOS TOMATES TRANSGÉNICOS), que tenía una serie de características que lo hacían durar más tiempo una vez cortado. La FDA concluyó en 1994 que “eran igual de saludables que los tomates convencionales” y se empezaron a vender ese año, hasta que los enormes costos, problemas en la cadena de distribución, y el hecho de que si bien duraban más en la alacena, eran bastante más blandos que los “naturales”, hicieron que el negocio fracase, y su producción finalizó en 1997. El tomate era tan blando que se lo destinó mayormente a crear puré de tomate enlatado, que se vendió bajo la marca Zeneca en Reino Unido hasta 1999. Y chau tomates transgénicos.

El Consejo Argentino para la Información sobre la Seguridad de Alimentos y Nutrición explica todo esto en un artículo genialmente titulado Qué culpa tiene el tomate... donde afirma tajantemente:
“No hay tomates genéticamente modificados ni transgénicos que se comercialicen en Argentina ni en el mundo”.
Uno se podrá preguntar entonces tres cosas:

1. ¿Por qué los tomates de antes eran más ricos que los de ahora?

Si bien mucha gente suele creer que las cosas antes eran mejor, y podríamos contraargumentar que los tomates no eran mejor, sino que los humanos simplemente somos pesimistas, lo cierto es que los tomates de antes realmente eran más sabrosos. En los años ‘30 se produjo una mutación natural en la planta, que los hizo más grandes, rojos y menos sabrosos. Como los alimentos nos entran primero por los ojos, esta variedad de tomates se vendió mejor, y su cultivo empezó a reemplazar a los convencionales.

Como hay un paper para todo, en Uniform ripening Encodes a Golden 2-like Transcription Factor Regulating Tomato Fruit Chloroplast Development (Science, 2012) unos investigadores explican esto, y describen que el gen triste y aleatoriamente desactivado promovía la fotosíntesis en la fruta, y los hacía más dulces. A pesar de que no recuerdo haber probado los tomates antiguos, sospecho que su sabor se semejaba a los actuales tomates cherry (esos del tamaño de uva que se usan en ensaladas gourmet).

Los tomates actuales con poco sabor no son transgénicos, son producto de la mutación natural, el cultivo de semillas seleccionadas, y el márketing. Igual que los perros salchicha fueron lobos hace unos 10.000 años, y por algún motivo, nuestros ancestros pensaron que era una buena idea reproducir entre sí a los más petisos, más largos y que se parecieran más a embutidos.

2. ¿Cómo sabemos si los nuevos tomates no son en realidad transgénicos, y Monsanto y el gobierno nos lo oculta, y Trump es reptiliano?

No nombro a Monsanto en este caso con el fin de ridiculizar el argumento contemporáneo de que esta empresa es el origen de todos los males. Monsanto realmente compró Calgene (los creadores del primer tomate transgénico).

Pero la cuestión es que Monsanto comercializa semillas puntuales que tienen nombre y apellido. Por ejemplo, la Soja RR es una variedad con unos genes específicos que la hace resistente al infame herbicida glifosato. A pesar de su infamia, desde su introducción, los cultivadores tienen que rociar mucha menos cantidad y variedad de herbicidas. Con unas pocas pasadas de glifosato, se eliminan de la zona todas las plantas a excepción de la soja. Y el glifosato no es un veneno “que mata todo”, es una sustancia que bloquea la síntesis de la enzima EPSPS que dispara la creación de los aminoácidos fenilanina, tirosina y triptófano. Sólo las plantas y algunos microbios tienen esta enzima, pero no los mamíferos.

La soja Bt (otra variedad de soja transgénica), sintetiza una proteína que resulta tóxica para algunos insectos que intentan comerla. Por lo que, nuevamente, con la inclusión de esta variedad, se redujo notablemente el uso de insecticidas sobre cultivos.

Monsanto, Syngenta y otras empresas de este rubro investigan, desarrollan y venden variedades de semillas transgénicas, no transgénicas y otros productos. No las regalan. En sus sitios web se pueden encontrar las listas de semillas que comercializan, y se reducen a: alfalfa, canola, maíz, algodón, soja, remolacha azucarera y caña de azúcar, que representan un gran proporción de los cultivos a nivel mundial. En Argentina, por ejemplo, Monsanto sólo comercializa semillas modificadas genéticamente de soja, maíz y algodón.

Existen variedades de berenjena, papa, papaya y manzanas, pero sólo se usa en algunos países, y su inserción en el mercado es mínima.

Y también está el arroz. Hay una variedad transgénica llamada arroz dorado que no lo hace resistente a herbicidas ni insectos, sino que lo hace producir Vitamina A. Esto podría salvar a miles de niños que mueren o se quedan ciegos por la deficiencia de este micronutriente en países pobres, y que fue prohibido por un lobby que hicieron Greenpeace y otros activistas anti-progreso. Pero lo dejaremos para otro artículo.

El punto es que estas empresas venden semillas, y como todo vendedor, tienen un catálogo de sus productos, donde no se encuentra el tomate transgénico. Podemos estar bastante seguros de que no hay tomates transgénicos en el mercado. Dejemos la reptilianidad de Donald Trump para otro día.

3- ¿Es seguro comer alimentos transgénicos?

Los cultivos genéticamente modificados suelen ser exactamente iguales que los no modificados. La única diferencia está en algunos genes, y alguna ínfima cantidad de alguna sustancia sintetizada por esos genes que, en teoría, es inocua para los humanos porque afectaría a estructuras biológicas que ni siquiera tenemos. No podemos diferenciar soja "normal" de soja transgénica, simplemente porque nuestro estómago no tiene un escáner de información genética.

Y si no nos convence la teoría, está la experiencia. La Academia Nacional de Ciencias de EEUU publicó una revisión exhaustiva de más de 900 estudios hechos sobre la salubridad de los alimentos transgénicos durante los últimos 30 años (Genetically Engineered Crops: Experiences and Prospects 2016), donde concluye que los alimentos transgénicos son igual de saludables que los convencionales.

Hasta aquí la cuestión científica de jugar con los genes. Luego, los temas burocráticos de patentes, la costumbre de rociar con agroquímicos a gente que vive al lado del campo, o la destrucción de hábitats vírgenes para agricultura son completamente distintos a la I+D en biotecnología, y como personas racionales, deberíamos poder separar la paja del trigo. Sin importar si el trigo es transgénico.


Hace unos años hablamos sobre que el glifosato es menos tóxico que el Raid.

jueves, 24 de noviembre de 2016

EmDrive: polémica por el motor "de la NASA" que violaría la tercera Ley de Newton


Todo lo que diga NASA en algún lado vende. Mucho. Si en la verdulería de la esquina tuvieran manzanas con el logo de la NASA al doble del precio, yo compraría, y si ustedes leen este blog, seguramente también.

Así que NASA en el mismo titular de se violan leyes de la física, es una noticia perfecta. Y así fue la historia que se vio en muchos medios internacionales estos días: un motor que está siendo probado por científicos que trabajan en Eagleworks, un pequeño grupo de investigación de la NASA, y que violaría la tercera ley de Newton: "para cada acción, siempre se genera una reacción igual en sentido opuesto".

¿De qué se trata el EmDrive y por qué es importante?

El Propulsor de Cavidad Resonante RF (EmDrive para los amigos) fue inventado por un ingeniero británico en el año 2000. Consta de un cono truncado metálico, con un magnetrón en uno de sus extremos (parecido al que tenemos en el horno microondas). Estas microondas rebotan dentro del recipiente, y por algún motivo que se desconoce, aparentemente generaría una pequeña fuerza en un sentido.

La gran diferencia con todos los demás motores, es que este no empuja ningún objeto material en sentido opuesto. Como los cohetes, que impulsan gases, o los autos, que mediante ruedas empujan el suelo hacia atrás.

Tercera Ley de Newton: Toda acción genera una reacción de igual magnitud en sentido opuesto.

Y si funcionara (porque todavía no se sabe a ciencia cierta), sería un avance genial, porque se podrían construir naves que no tengan que cargar combustible para viajar grandes distancias a velocidades enormes. Lo único que necesitaría sería energía que se puede obtener de paneles solares, un reactor nuclear, o desde afuera mediante algún láser muy potente estilo Estrella de la Muerte. El progreso que la Humanidad podría hacer con algo de esta magnitud, es realmente impensable.

Y además de sernos de gran utilidad, sería un desafío averiguar por qué carajo funciona.

El aparato se viene investigando en distintos laboratorios de diversos países durante la última década y media, y todos los experimentos dan resultados muy pequeños que "requieren más investigación".

La noticia explotó estos días porque se publicó el último experimento hecho por científicos de la NASA en una revista seria de revisión por pares: Journal of Propulsion and Power del American Institute of Aeronautics and Astronautics, que es una revista seria, y no un Predator Journal como vimos en este artículo.

La comunidad científica se muestra muy escéptica respecto a los resultados obtenidos. Por un lado, porque las Leyes de Newton son algo serio y bastante probado en el mundo a escala cotidiana, como las Leyes de la Termodinámica, y ya sabemos lo que dice Homero al respecto.


El físico y doctor en matemáticas español Francis Villatoro explica en este artículo los detalles técnicos de por qué cree que el experimento es muy pobre. En resumen: metieron al aparato en una cámara de vacío, sobre unas balanzas de precisión, y activaron el aparato con una potencia de 40, 60 y 80W en 6 oportunidades cada uno, y obtuvieron un ligero empuje (del orden de los 100 microNewtons, que sería la fuerza provocada por el peso de un objeto de 0,01 gramos).


1) Repitieron las pruebas pocas veces. Quizás haya razones técnicas para no probar con más variedad de potencias, pero ¿sólo repetirlos 6 veces? ¿Por qué no 100?
2) Los márgenes de error son muy grandes respecto a los resultados obtenidos.
3) Los datos están muy dispersos, al punto de haber varios resultados donde el empuje es mayor con 60 W que con 80 W.
4) No se puede descartar que el empuje provenga de alguna pequeña fuga de gases, o sea un error producido por diferencias de dilatación térmica.

Otros se cuestionan hasta qué punto está bien que la NASA use dinero público para realizar investigaciones que bordean la pseudociencia. Y además de dinero, su imagen pública. Si bien todos los medios titularon "la NASA afirma", "la NASA está trabajando", etc., este programa es una pequeña rama de investigación, bastante marginal, y no es ni por lejos el programa principal de la institución. Para ponerlo en números, de los 18.000 millones de dólares anuales que tiene la NASA como presupuesto, Eagleworks tiene adjudicados 50.000. Queremos creer que eso no incluye el salario de todo el equipo.

Ojalá se hagan mejores experimentos y el microondas mágico funcione, y viole la tercera ley de Newton y se rompan todos los paradigmas de la Ciencia. Sin embargo, no podemos festejar hasta que haya mejores resultados.

Si quieren revisar el paper publicado el 17 de noviembre, está disponible en: Harold White, Paul March, James Lawrence, Jerry Vera, Andre Sylvester, David Brady, and Paul Bailey.  "Measurement of Impulsive Thrust from a Closed Radio-Frequency Cavity in Vacuum".
http://dx.doi.org/10.2514/1.B36120

¿Qué opinan?

jueves, 5 de mayo de 2016

Boaty McBoatface, la historia del barco de exploración de 280 millones de dólares

La ciencia no llega a los titulares de los diarios muy seguido, salvo cuando se habla de que mirar tetas alarga la vida. Este fue quizás el caso del RRS Boaty McBoatface, un tremendo barco de investigación que difícilmente se habría hecho tan popular sino hubiera sido protagonista de esta extraña historia.


El Natural Environment Research Council (NERC) de Gran Bretaña construyó el mayor buque de exploración de la historia: tiene 129 metros de eslora (largo, pero está bueno hablar en idioma de barcos), 15.000 toneladas, y costó unos 280 millones de dólares. Se juntaron la duda de cómo llamarlo, y las ganas de acercar a la población a la ciencia, así que lanzaron la campaña #NameOurShip: una votación. Online y anónima. ¿Qué podría salir mal?

La encuesta estuvo abierta por un mes desde el 17 de marzo de 2016, pero bastaron un par de días para que James Hand, un ex presentador de la BBC, proponga Boaty McBoatface (que sería algo así como Barquito McCarabarco), y hordas de nerds enardecidos rdrdrd se conectaran para dar su voto al punto de saturar y hacer caer el sitio web.

Los chorros de tinta empezaron a correr: ¿Qué pasa si gana? ¿Debería respetarse la votación? ¿El sistema democrático está en peligro?

Bueno, RRS Boaty McBoatface ganó con más de 124.000 votos, y tres veces la cantidad del segundo puesto, Poppy-Mai (el nombre de una nena que se hizo famosa por luchar contra el cáncer y falleció el 3 de mayo). En el top ten estaban otros nombres como Usain Boat, Notthetitanic, y algunos serios como Sir David Attenborough (el Carl Sagan de la naturaleza).

Blas de Lezo (un almirante español que en 1741 defendió Cartagena del asedio británico) llegó al segundo puesto pero fue eliminado porque corrección política cuando el NERC lo googleó .


El ministro de ciencia británico, Jo Johnson, ya declaró que el RRS Boaty McBoatface “va a navegar las aguas más heladas del planeta e investigar asuntos que afectan a millones de personas, como el Calentamiento Global, por eso queremos un nombre que dure más que las tonterías de las redes sociales”, aunque no dijo mucho más, y todavía no se confirmó el nombre.

Todo bien con Attenborough, todos lo queremos, pero ¿Quieren hacerle un favor a la divulgación científica? RESPETEN LA DECISIÓN DE INTERNET. Le pongan como le pongan, en nuestros corazones siempre se va a llamar Boaty McBoatface. Y si lo hacen, cada puto cangrejo y rajadura del fondo oceánica que descubra va a ser portada de los diarios. La gente va a hacer filas en los puertos para sacarse selfies con Boaty. ¿Cuándo pasó eso con un barco de investigación científica? El nombre sinsentido es una perfecta excusa de márketing para popularizar la ciencia.

Atentamente, Proyecto Sandia.

Actualización 06/05/2016

Hoy el NERC anunció mediante un comunicado de prensa que el buque se llamará Sir David Attenborough. En una inteligente jugada, dentro del conservadurismo inglés, anunciaron que Boaty McBoatface será el nombre del mini submarino a control remoto de alta tecnología.

domingo, 1 de mayo de 2016

Hasta el moho puede aprender

Hablemos de lugares cálidos, húmedos y donde no llega la luz. Sin ser mentes podridas. Hablemos de las cosas que crecen en lugares así, como el moho. Y ya que estamos en tema, de la mente.


A los humanos nos gusta sentirnos importantes y diferentes del resto de los organismos. Los religiosos llevan siglos diciendo que somos únicos porque tenemos alma, y quienes hablan en serio nos separan del resto de los bichos porque podemos aprender, recordar, planear a futuro y modificar nuestro entorno. Somos inteligentes. O dicho de otro modo, agarramos la lista de cosas que hacemos los humanos, y definimos eso como inteligencia. Así cualquiera. El punto es que no somos los únicos que hacemos esas cosas: los cuervos fabrican herramientas, los chimpancés usan palos para sacar miel de colmenas, los elefantes recuerdan la ubicación de pozos de agua a cientos de kilómetros, los castores construyen represas. Pero claro, al menos nos sentimos especiales por tener un sistema nervioso que está al mando de estas cosas.

En una publicación de esta semana de la revista Proceedings of the Royal Society B, científicos de Francia y Bélgica nos cuentan lo que observaron en el moho “Physarum polycephalum” que parece un moco de una gripe ya madurita.  A pesar de no tener un sistema nervioso central como cualquier moho hijo de vecino, nuestra amiga protista puede aprender. Sí, aprender.

Repasando un poco biología del secundario, los protistas son básicamente organismos eucariotas (que tienen núcleo celular), y que no pertenecen al reino de los animales, hongos ni plantas. Estos mohos en particular, son unicelulares, y se juntan en colonias de mocos gigantes como la foto.

Dispuestos a llegar a su fuente de alimento vía quimiotaxis (crecer en dirección a un estímulo químico) los mohos tenían que cruzar un “puente” y los científicos, de jodidos, les ponían obstáculos. Los obstáculos eran sustancias amargas, como la cafeína, que a los mohos les producían rechazo y en un principio tendían a esquivar.

Después de ponerlos varias veces frente a los obstáculos descubrieron que las células del moho se “descubrían” que las sustancias eran inocuas y se “habituaban”, haciendo el camino mucho más rápido. Si se retiraba la sustancia durante unos dos días parece que nuestro moho se olvidaba todo y volvía a tratar de esquivar los obstáculos otra vez.

Se habrán cansado del uso de las comillas, pero parece que las vamos a necesitar por un tiempo porque este tipo de descubrimientos cuestionan muchísimo lo que entendemos por conceptos como “habituación”. Disminuir la respuesta ante un estímulo era una forma de aprendizaje bastante tosca que, hasta ahora, se creía exclusiva de individuos toscos como nosotros (los animales) con una buena red neuronal, y se pensaba imposible en organismos unicelulares.

Esto es groso porque nos hace rever lo que sabemos sobre microbiología y evolución, y todavía no tenemos idea de cómo las protistas aprenden. Siempre es genial ese período entre que descubrimos un misterio, y encontramos la explicación.


Este muestra un experimento de 2010, en que investigadores usaron la misma P. polycepharum en el centro, imitando la ciudad de Tokio , y colocaron alimento en puntos imitando las ciudades satélites. Sabiendo que no le gusta mucho la luz, usaron luces y sombras para imitar la topografía de la zona, y en un par de horas puf! el moho creció formando una estructura igual a la red de trenes. Que le llevó más de medio siglo pensar a los ingenieros.

Al final, parece que no somos tan especiales.

Habituation in non-neural organisms: evidence from slime moulds DOI: 10.1098/rspb.2016.0446 Amoeba-Inspired Network Design DOI: 10.1126/science.1185570

En colaboración con Federico Fuhrmann, un casi ingeniero civil que muta del iluminismo wannabe al hedonismo berreta.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Reality Atlas (cuento)



Paul sostenía el volante del Austin Healey '58 con fuerza y hacía movimientos torpes hacia un lado y otro. La lluvia caía de forma torrencial y le bloqueaba lo poco que el alcohol le permitía ver. Aprovechó muchos semáforos para darle otro trago a la botella que descansaba a su izquierda.

Una silueta femenina en el costado de la calle lo obligó a detenerse. Tiró la botella detrás de su asiento, abrió la puerta y se ofreció a llevarla. El conductor se mostraba confiado pisando los más de cien caballos de su pequeño auto, y suponiendo que como conducía paralelo a las vías de tren, sería improbable que alguien salga a su encuentro. Pero a las tres cuadras, la muchacha empezó a gritar y se le abalanzó encima. Improbable no es imposible, y un enorme camión no los vio.

El oficial Jills Templeton llegó al lugar del accidente minutos después. La muchacha lloraba al varios metros de un auto blanco en llamas. El conductor estaba deshecho y nada podía hacerse. Pero creyó reconocerlo. Y se alarmó.
-Central, hay dos civiles ilesos, pero el conductor del auto falleció. Necesitamos retirar el cuerpo y reconocerlo. Con discresión.
-Entendido.
El agente Maxwell llevó personalmente a la morgue a quienes creía eran los amigos del difunto. El cuerpo reposaba en una camilla debajo de un plástico negro. Al descubrirlo, los tres quedaron congelados.
-Sí, realmente parece una morsa-, dijo el agente.
John lo tomó del cuello y empezó a gritar:
-¡Yo soy la morsa! ¡Yo soy la morsa!
Maxwell lo golpeó en el estómago, y John cayó al piso, quédandose en posición fetal.
-Lamento la situación muchachos, pero el Gobierno ya definió cómo se va a proceder. Los vamos a llevar a una casa segura mientras limpiamos todos los registros de lo que sucedió esta noche. Vamos a encontrar un reemplazo y ustedes van a seguir sus vidas como si nada. Si no quieren morir “baleados por algún fanático chiflado”-, y resaltó esta frase haciendo comillas con los dedos-. El mundo nunca va a saber que Paul McCartney murió en un accidente de tránsito.



Arnaldo Ceresa había dedicado toda su carrera al desarrollo de software de simulación e inteligencia artificial, pero esto no era lo que estaba esperando. La pantalla se puso negra y el nombre Reality Atlas 0.9 apareció en el centro. El auditorio con unas cincuenta personas se quedó en el silencio más absoluto y algunos científicos y estudiantes levantaron la mano.

-Bueno, antes de hablar de la simulación voy a poner las cosas en contexto. Quizás estén familiarizados con esa teoría que plantea que si fuera posible conocer la posición de todas las partículas del Universo en un instante y sus respectivas interacciones, se podria calcular sus posiciones anteriores y futuras. Y conocer todo sobre el pasado y el futuro.
Esta idea tiene algunos inconvenientes técnicos básicos, como la imposibilidad de acceder a todos esos datos; y que para calcular todo, tendríamos que tener una computadora más grande que el Universo mismo.
También hay inconvenientes filosóficos, como que la computadora en cuestión no podría estar situada “dentro” del Universo sino afuera, ya que si estuviera adentro, inevitablemente interactuaría con las partículas sobre las que quiere calcular, y debería incluirse a sí misma en el cálculo con la simulación corriendo, entrando en un bucle sin fin.
Descartando esta posibilidad, hace algunos años tuvimos una idea. Google Earth tiene escaneado a todo el planeta. Y no en un punto fijo del tiempo, sino en varios momentos. Quizás hayan visto que sus ciudades tienen fotos de 2008, 2010, 2015. Y todas son accesibles. Algunas ciudades también tienen imágenes aéreas del siglo pasado. Si combinamos estos datos con Street View, mapas municipales, fotos geolocalizadas, videos de Youtube, y todo tipo de fuentes de datos, podemos renderizar una imagen 3D global.
Tenemos asi una línea de tiempo bastante precisa de la evolución del planeta del último medio siglo. Si tenemos una imagen de un terreno vacío de 2010, y otra de 2015 con un edificio, es cuestión de interpolar fotos de transeúntes, videos de seguridad, registros de los empleados, de los transportes de materiales y noticias para poder crear una imagen sobre cómo fue el proceso de construcción. Y así tenemos simulaciones de cualquier día, o incluso hora de todo el proceso, sin necesitar que haya fotos de esos momentos.
De esto se trata Reality Atlas: un mapa tridimensional y navegable de las últimas décadas. Hace algunos años se habría necesitado de una potencia de cálculo inexistente, pero desde que las Universidades pudimos acceder a las computadoras cuánticas, casi todo es posible. Podemos ver todo lo que pasó, y especular sobre lo que podrá pasar.

Una mano se alzó entre los estudiantes del frente del auditorio.

-¿Qué tan seguros podemos estar de que la simulación tuvo en cuenta la totalidad de los procesos neuronales de las personas analizadas?-, preguntó el joven-. Digo, porque tengo entendido que la muerte de McCartney en el '66 es una teoría de conspiración de chiflados con tiempo libre.

El neurocientífico Hugo Goldberg tomó el micrófono.

-Bueno, nunca habíamos retrocedido hasta algún evento “controversial” como este. Nuestra idea era desmontar un mito urbano como ejemplo de la utilidad del software. Ahora mismo no sabría qué responder. Pero estamos muy seguros de que lo que muestra el sistema es real. Los procesos neuronales específicos de cada persona no pueden ser analizados en detalle. Tomamos algunas muestras actuales para establecer patrones, pero la mayoría de las cosas de época son simulaciones a partir de datos externos.
-¿Y qué tal ver el futuro?-, preguntó otro estudiante.
-Lo hemos intentado, pero sin éxito-, empezó a explicar Ceresa-. Para saber qué pasó en 2012, nos basamos por ejemplo en imágenes globales de 2010 y 2015, y unimos los puntos. Pero de las millones de posibilidades alternativas que podrían haber sucedido, nos anclamos en toneladas de “micropuntos”. Como decía antes: fotos, videos, noticias, redes sociales. Estos pequeños registros aislados antes nos decían poco y nada, pero situados en contexto, ayudan a Reality Atlas a construir la simulación. Y así tenemos una línea temporal bastante coherente.
Para predecir el mañana no tenemos ningún punto. Podemos especular con algunas variantes, pero con cada minuto que pasa, las alternativas crecen exponencialmente, y la precisión cae a cero. La famosa Teoría del Caos, popularizada con el Efecto Mariposa. Los pequeños cambios que quizás no calculamos, pueden amplificarse y generar consecuencias totalmente imprevistas. Así que por ahora sólo sirve para ver el pasado.
-¡¿Y podemos ver a Jesús?!-, gritó alguien desde el fondo. El auditorio estalló en risas.
-No crean que no lo pensamos-, respondió Ceresa-. Seamos creyentes o no, la civilización occidental se erigió alrededor de esta figura. Todos queremos ver qué pasó hace dosmil años. Pero no. Pasa algo similar que con el futuro. A medida que retrocedemos en el tiempo, tenemos cada vez menos datos, y las posibilidades se disparan al infinito. Para no colapsar el sistema decidimos restringir la simulación a la segunda mitad del siglo XX en adelante. Todavia estamos deliberando si es conveniente extendernos hasta la Segunda Guerra Mundial. Creemos que hay datos suficientes para tener buena precisión, pero pasaron cosas tan turbias que pensamos que es demasiada responsabilidad.

-¿Y qué hacemos con el actual Paul McCartney entonces?-, volvió a preguntar el primer estudiante-. ¿Lo denunciamos? ¿Le decimos Paul Falso, o Faul, como los conspiranoicos?
-Bueno, todavía tenemos que hacer muchas pruebas, y no sabemos si va a servir como prueba ante la ley-, empezó a decir Goldberg.
-¿Podemos ver qué pasó el 11 de septiembre de 2001?-, preguntó un señor de bigotes del centro del auditorio.
-¿Para qué? ¿No vimos ya demasiados videos de las Torres Gemelas?-, respondió Ceresa.
-Sí, pero ya vieron que está la teoria del autoatentado. Que la CIA plantó bombas en las torres para asegurar la demolición.

Varios estudiantes se incorporaron en sus asientos. Ceresa y Goldberg fruncieron el ceño.

-No digo que yo lo crea, pero no van a negar que mucha gente sí.
-Bueno, no perdemos nada-, dijo Ceresa, y empezó a teclear en su computadora.

La pantalla empezó a mostrar un Manhattan desde el cielo, con la estela de humo saliendo del World Trade Center. El humo empezó a retroceder y achicarse a medida que el reloj volvía hasta las 8.46 de la mañana. Apareció una gran bola de fuego y un avión salió, y luego un segundo. El tiempo se detuvo.
Ceresa acercó la imagen. La definición aumentaba a medida que la simulación se iba creando. Y se puso todo negro.
“Error 42. Información no compatible.” Ceresa tragó saliva. El auditorio se quedó en silencio.
-Juro que es la primera vez que pasa esto-, dijo para romper el hielo, y algunos rieron. Otros no, pero quitó la señal de la pantalla gigante-. Bueno, saben que Reality Atlas está en pañales. Hace varios meses que estamos buscando errores y arreglando cosas, pero este error es nuevo. Para este evento hay que procesar demasiada información: fotos, videos, noticias, y todas las producciones posteriores. Sí, películas, documentales, videos de Youtube y foros con montañas de cosas verdaderas y falsas.

Un hombre de saco y corbata del público cambió su actitud de entusiasmo por ansiedad.

-Disculpe Doctor. Soy el representante de una importante firma de abogados. Vinimos a la presentación porque creíamos que el proyecto podía resultarnos muy útil. Usted sabrá que no es nada fácil cotejar las distintas versiones de un crimen, saber quién es culpable y quién inocente.
Si este sistema funcionara, podría cambiar de pies a cabeza el sistema de Justicia. Pero veo aquí que tiene problemas para diferenciar realidad de ficción, hechos de opiniones, paja del trigo. Esta máquina es un lindo entretenimiento, pero no puede servir para mucho más que eso. Aun si depuraran los fallos, todo el concepto de unir los puntos es una mera aproximación, y no puede reconstruir la realidad.
-Lo sabemos perfectamente-, respondió Ceresa -. No existe información suficiente para reconstruir la realidad a la perfección. Si usted tiene una conversación con otra persona en una habitación cerrada, el sistema no puede deducir de qué se habló. Sólo se pueden inferir ciertas cuestiones en base a las acciones previas y posteriores de los individuos.
-Bueno, eso me lleva al punto que prefería no mencionar. Un sistema así viola totalmente el derecho a la privacidad. No pueden hacer públicos los planos de las casas de las personas y las cosas que hay adentro.
-Pero los planos ya son públicos, los puede consultar en cualquier página web municipal.
-No, esto va más allá, ustedes renderizaron esos planos y los sirven en bandeja a cualquiera que quiera navegarlos. Se podrían hacer desastres con esta información. No lo mencioné porque supuse que estaba previsto algún tipo de filtro.
-El sistema todavía no es público, y seguramente faltan cerrar muchas cuestiones.
-Luego discutimos este tema, déjeme explicar lo más importante. Ustedes están creando certezas con información parcial. Lo que realmente sucedió, y las experiencias que vivieron las personas dejarán de tener sentido, porque ahora van a tener toda su vida en 3D. ¿Y cómo sabemos qué es un hecho y qué una especulacación del software? ¿Qué es un “punto de información” y qué una “línea trazada a partir de otros puntos”?
-Bueno, el sistema aclara eso fácilmente con una etiqueta al pie de la imagen. Como lo hacen Google Earth y Street View.
-No es lo mismo, el nivel de realismo acá es mucho mayor. ¿Son conscientes de la cantidad de problemas que van a aparecer? Vayamos a un caso cotidiano, parejas infieles. ¿Van a poner una etiqueta que diga “esto es una especulación del software”?
Varias personas en el auditorio abrieron los ojos como platos. Ceresa se había imaginado que algo así podía suceder, por lo que no tardó en desbloquear su teléfono y tipear algo rápido en la pantalla.
-Y si quiere continúo. ¿Qué van a hacer los jefes puritanos cuando vean a sus empleados saltando arriba de una mesa en un cantobar con un vaso de Fernet en cada mano? Porque claro, el sistema no puede cersiorarse de que el líquido oscuro y espumoso sea Fernet. Pero la cámara vio cuando el vaso fue servido, y seguramente también cuando la botella salió del camión un par de días atrás. Se va a poder rastrear hasta la fábrica.

El abogado se puso de pie y miró a los estudiantes. Dos encargados de seguridad se acercaban desde el fondo.

-Y ustedes, ¿cuántas horas van a pasar stalkeando a sus parejas, o a la persona que les gusta, o a los famosos? No estoy diciendo que sean acosadores, pero ¿no van a revisar lo que hicieron cada noche? Y ahora me quieren sacar de acá por decirles la verdad. Por advertirles de todos los problemas que van a tener. Por el fin de su vida privada. No me tienen que echar, me voy solo, y se van a quedar pensando.

El abogado se retiró escoltado por los guardias universitarios. Que de todos modos no tenían contextura física como para llevarlo a rastras.

-Frente a todo avance tecnológico, siempre aparece un abogado a poner palos en la rueda- Ceresa esperó unos segundos para dejar que los científicos rieran. Los chistes de abogados siempre causan gracia en ambientes técnicos, pero esta vez no. Y eso lo puso aun más nervioso-. Bueno, definitivamente hay mucho trabajo por delante. Tenemos que revisar unos cuantos errores, y prometemos armar un comité de ética para considerar algunas cosas concernientes al ámbito privado de las personas. Damos entonces por terminada esta presentación, y por cualquier duda visiten el sitio web de la Universidad.
Los asistentes empezaron a levantarse en silencio, y enfilaron hacia la salida. Había tensión en el aire. Un estudiante le decía a su compañero:
-Muy innovadora la idea, pero no quiero que mi madre vea que me gasto la plata que me manda cada mes en salir de joda.
-Tu madre no tiene Facebook, no va a navegar en Reality Atlas.
-No importa, si esto se hace público, en una semana va a estar en todos los medios. “Miren cómo vivía el tipo que violó a las tres chicas”, “Las reuniones secretas de Mirtha Legrand”. El mundo se convierte en un Gran Hermano, y sí, van a haber juicios, pero va a ser un desastre.
-Yo ahora quiero saber qué onda con Paul McCartney, y las Torres Gemelas.
-¿Ves? De una forma u otra, esto va a cambiar el mundo.

Y salieron por la puerta.
Golberg miró a Ceresa con una sonrisa:

-Te felicito. Esto va a posicionar a la Universidad a nivel mundial, vamos a conseguir recursos infinitos para todos los proyectos. Y preparate para dar entrevistas-, le dio la mano y se fue.

Ceresa se quedó desconectando el proyector y estaba por apagar las luces cuando notó que una mujer flaca y alta, de unos cuarenta años, seguía sentada y lo miraba fijamente.

-Señorita, ¿quería preguntarme algo?
-No, más bien explicarle.
-Bueno, dígame.
-Primero quería felicitarlo a usted y su equipo por Reality Atlas. Un proyecto genial. No esperábamos que lo desarrollen tan pronto, y menos en una Universidad pública argentina.
-¿Cómo no esperaban, quiénes?
-No importa quién soy o a quién represento. El punto es que vengo a sugerirle amablemente que se ahorren los gastos en la búsqueda de errores y correcciones, porque por desgracia este proyecto no va a llegar a la etapa final.
-No entiendo ¿Me está amenazando?
-No, simplemente explicando que por más tiempo y dinero que inviertan, no van a poder corregir los errores. El legista enojado ya explicó algunos puntos del desastre que representaría esto para el orden público, pero vamos a los hechos. La idea de que pueda crearse un Reality Atlas, o un Ojo Que Todo Lo Ve, como lo llamamos nosotros, se viene barajando desde los '90. Por supuesto que en aquel entonces no existía la tecnología para hacerlo. Como bien dijo Usted, no existía potencia suficiente.
Sucede que hay algunas personas con mucho poder interesadas en que ciertas cosas no se hagan públicas.
-¿Y nos pretenden censurar?
-Pff.. no, por favor. Desde aquella época supimos que no podríamos censurar a nadie. Así que tuvimos una idea mejor. El abogado habló sobre la dificultad de separar la paja del trigo. Bueno, lo que hicimos fue agregar una tonelada de paja.
Usted se dio cuenta muy rápido por qué Reality Atlas tiró un error con las Torres Gemelas: hay demasiada información para procesar. Ríos de tinta en sitios de noticias, documentales, fotos, videos, testimonios. ¿Fue un trabajo interno? ¿Había bombas? ¿Fue un atentado real y colapsaron por el impacto y el incendio? O, esta es genial, ¿Fue por las altas temperaturas generadas por los líquidos misteriosos de los chemtrails?

En este punto, Ceresa la miraba con el ceño fruncido, y manoteó una silla para sentarse.

-Lo de los chemtrails me encanta, ¿sabe a que me refiero?
-Sí, eso que dicen sobre los aviones. Que las estelas de las turbinas son en realidad un químico de control mental, o algo así.
-Exacto.
-¿Y usted pretende que crea que la teoría es cierta? Señora, soy un científico. Cualquiera que dio física en el primario entiende que son vapor condensado. Además no tiene sentido, ¿todos los pilotos del mundo son parte de la conspiración?
-No, estimado. Como científico, debería analizar un poco lo que estamos hablando. La teoría apareció oportunamente a fines de los '90. ¿Usted cree que un gordo que vive con su madre, y tiene un póster de los Expedientes X inventó lo de los chemtrails? No, no, fue una de nuestras primeras obras maestras: una conspiración estúpida y creíble, que la gente tomaría como propia. Y sucedió, muchos gordos con pósters de los Expedientes X lo tomaron como una revelación.
-¿Y qué ganaron ustedes con esto?
-Veo que no me sigue. Ruido ganamos. Paja. Contradicciones. Protección contra un hipotético Ojo Que Todo Lo Ve. Usted podrá filtrar ahora los chemtrails de las variables. Pero se va a cruzar con muchas otras teorías de conspiración, o con teorías que acarrean una complejidad histórica, política y bélica que no podrá saber si son reales o no. No podrá filtrarlas. Y muchas de esas teorías se contradicen entre sí, otras se complementan. La introducción de su charla con Paul McCartney es el ejemplo perfecto. ¿Es real? ¿La inventamos nosotros?
-Usted me dijo que comenzó a operar en los '90, y esta teoría es de antes.
-Puede que le haya mentido. Quizás la sociedad que me contrató, existe desde antes. Nos estamos moviendo en el límite de la verdad y la historia, la difusa línea que separa los hechos de las opiniones. Y los datos disponibles están tan contaminados, que Reality Atlas no puede aportar nitidez. ¿En serio cree que el gran Google desarrolló Earth, pero nunca dio el gran paso a la simulación histórica? Es simple, no se puede hacer. Nunca se va a poder hacer. La sociedad del Ojo Que Todo Lo Ve no desea ser vista.
-¿Los Illuminati?
-Pff, hablando de conspiraciones.
-Y ahora que me contó todo esto ¿Qué va a hacer? ¿Matarme?
-¿Matarlo? No es necesario, no corro ningún riesgo al contarle esto ¿Se imagina escuchar a un científico diciendo todas estas tonterías? ¿Cómo lo piensa hacer, en un video de Youtube, con un póster de los Expedientes X detrás?


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El relato transcurre en el mismo universo que Barrio Turing. Que tiene pocas diferencias con el nuestro, quizás está situado un par de décadas en el futuro. En ese futuro prometedor donde los autos voladores, las plantas de fusión nuclear y la cura del sida son un hecho, y al que siempre le faltan diez años para llegar. Ya vendrán otros.

Gracias infinitas a Ampersand Diseño por las ilustraciones, y disculpas por mis reiterados "achicame el auditorio", "cambiame este color", y todo lo que un cliente pesado suele pedir.

jueves, 1 de octubre de 2015

La física de enfriar una cerveza


Poner una cerveza en el congelador parece una buena idea, porque es la forma más rápida que tenemos en casa de acercarla a los ideales 2 grados Celsius. Sí, los expertos dicen que cada tipo de cerveza se debe tomar a una temperatura distinta, pero simplifiquemos en que nos gusta la cerveza fría.

El fermentado de cebada está formado por un 94% agua, y un 5% alcohol. Más o menos. Al enfriarse, lo que está sucediendo a nivel microscópico es que las moléculas pierden energía cinética y vibran menos (los new agers arruinaron la palabra vibrar, pero acá es de verdad), por lo que ocupan menos lugar, y disminuye su volumen. Pero el agua tiene una característica única. Al llegar al punto de congelación, las moléculas empiezan a ordenarse en forma de cristales, y ¡sorpresa! el hielo ocupa un 9% más de lugar que el líquido. Pero acá juega otra cosa, la cerveza ya estaba bajo presión por el gas. Al aumentar el volumen del líquido, la presión interna aumenta más aun, y disminuye la temperatura de congelación, por lo que el proceso se enlentece un poco.

El vidrio es un material duro y frágil, que soporta mucha fuerza, pero se flexiona muy poco antes de romperse. Y con las fuerzas intermoleculares del agua no se jode. Sobretodo porque en el freezer hace -18°C, y le sigue chupando energía a la cerveza, que ya está bajo cero.

En algún momento entre 0 y -5°C, un par de moléculas se acomodan (nucleación) en forma de redes cristalinas que crecen de forma geométrica (cristalización), hasta que su aumento de tamaño no puede ser resistido por el vidrio, y explota todo.

La explosión se produce cuando una pequeña parte de la cerveza está congelada. Lo que significa que gran parte sigue en estado líquido y se desparrama. Pero fuera de la botella, la presión es menor, por lo que el punto de congelación en vez de ser (digamos) -3°C, vuelve a ser 0°C. Y esto, sumado a que el líquido se está moviendo, acelera el congelamiento y ayuda a que no se forme una pileta de cerveza en el congelador, sino más bien una especie de explosión congelada, o una obra de arte contemporáneo estilo Homero Simpson.


Agua superenfriada que se congela al encontrarse con hielo

¿Cómo enfriar la cerveza rápido y con menos riesgo?

Una opción es dejarla sólo un par de horas en el freezer, y sacarla justo antes del desastre. Si hacemos esto, hay que tener cuidado con el superenfriamiento. Eso pasa cuando el líquido se lleva debajo de la temperatura de congelamiento, pero (debido a que estuvo quieto), todavía no se produjo la nucleación, y la reacción en cadena de congelamiento. Si eso sucede, cuando saquemos la botella y la apoyemos en la mesa, el golpe puede disparar la nucleación y la botella nos puede explotar en la mano. O puede pasar cuando saquemos la tapa, y el culpable sea la caída de presión, en cuyo caso la botella va a vomitar granizo de cerveza.
 
1. Enfriamiento por evaporación

Considerando estos recaudos, vamos a preguntarle a la física otras técnicas para acelerar el proceso. Una cosa que vi en repetidas ocasiones en las redes sociale, es envolver la botella con un paño húmedo. Esto sirve para usar el fenómeno de la evaporación igual que nuestro cuerpo.


Spoiler: parece lindo pero no sirve
 
La evaporación es un fenómeno bastante más complejo del que aprendimos en la escuela. Siempre supimos que el agua se evapora a 100°C, sí, pero, ¿por qué entonces se secan los charcos de agua en la calle? Si hacemos mucho zoom en el charco, vamos a ver que no todas las partículas tienen la misma energía, algunas tienen más que otras, y constantemente se la están transmitiendo a sus vecinas.

Para ponerlo en números de una forma un tanto burda y no tan correcta. Si la temperatura ambiente es de 24°C, es de esperarse que la del charco a la sombra (en promedio) también lo sea. Pero no todas las moléculas están a 24°C. Hay muchas a 24, pero algunas a 23 y otras a 25. Quizás haya alguna a 22 y otra a 26.

Si se da la circunstancia de que alguna partícula con mucha energía esté en el borde del charco, y en contacto con el aire, puede suceder que su energía sea mayor que la de la tensión superficial que la retiene, y de un salto hacia el aire. Nuestro charco perdió una molécula, y una con mucha energía, por lo que su temperatura promedio bajó un poquito.

Esto es el fenómeno de enfriamiento por evaporación, y nuestro cuerpo lo conoce, y por eso transpiramos cuando hace calor. El fenómeno funciona mejor cuanto mayor sea la diferencia térmica entre el agua y el aire. Si el agua está muy caliente, y el aire frío. Cuando hace calor, y estamos quietos y transpirados, nuestra piel le transmite un poco de calor al aire que nos rodea, por lo que estamos rodeados de una capa de aire tibio y la evaporación no es tanta. Si encendemos un ventilador, nos quitamos esa capa de aire, y facilitamos el enfriamiento por evaporación (además del enfriamiento por conducción térmica entre el aire y nosotros).

Volviendo a la cerveza, si bien en teoría es cierto que envolver una botella con un paño húmedo facilitaría este fenómeno, en la práctica no funciona tan bien. Medí dos latas iguales con y sin paño cada diez minutos, y luego de casi una hora, la diferencia era de cerca de un grado. Por lo que este fenómeno no vale la pena.

2. Enfriamiento por conducción térmica con agua salada

El calor se transmite de tres formas: por conducción (cuando dos objetos se tocan físicamente, y el más caliente pierde energía), por radiación (por la emisión de rayos infrarrojos del más caliente al más frío), y por convección (que en realidad es una forma compleja de conducción, y se da cuando un líquido o gas se calienta, aumenta su volumen, se hace más liviano, y sube, para ser reemplazado por líquido o gas frío, y se repite el proceso). [En este otro artículo nos adentramos en el tema derritiendo conejos de chocolate]

En el freezer suceden las tres cosas al mismo tiempo: la botella irradia calor, conduce al suelo, paredes y el aire, y el aire caliente sube y circula. De los tres, el más eficiente es la conducción térmica. Y funciona mejor cuanto más densos y más en contacto estén los objetos.

Las fiestas tenían razón

Entonces, la forma más rápida de enfriar una cerveza es sumergirla en un recipiente lleno de hielo, y poner agua para rellenar los huecos y aumentar el contacto entre la botella y el hielo. La mezcla de agua-hielo se estabiliza en 0°C, y en pocos minutos le va a quitar energía a la cerveza hasta que todo esté en equilibrio. Al fin y al cabo, los famosos barriles de hielo de las fiestas tienen una justificación física.


Pero si estamos aun más apurados, y queremos jugar con fuego -bueno, técnicamente con hielo-, podemos meterle sal a la mezcla. Esto sirve para que la temperatura de derretimiento del agua sea menor, y se aceleren las cosas. ¿Cuánto? Bueno, si metemos 23 gramos de sal cada 100 de agua, el hielo se va a derretir, y la temperatura de equilibrio va a ser de -21°. Quizás sea inútil usar tanta sal por dos cosas: mientras más frío, más rápido, y más fácil que la cerveza (que por suerte no tiene sal adentro), se congele y explote. Y además, los congeladores convencionales no enfrían a menos de -18°. Con sólo 5g de sal cada 100g de agua, llevamos el punto de equilibrio a -5°C.



Ahora la pregunta es: ¿Sabía todo esto yo antes de ensuciar todo el freezer? Sí. "Pero esta vez la voy a sacar justo antes". El interruptus nunca funciona bien.


martes, 2 de junio de 2015

#CharlieCharlie y las mejores noticias de ciencia de Mayo

Proyecto Sandía publica noticias de ciencia, tecnología y cultura todos los días en su página de Facebook. Elegimos las mejores, y las publicaremos aquí cada mes para quienes no viven internados en las redes sociales


¿De dónde salió Charlie?

Nadie lo sabe. La tontería de los lápices explotó en las redes sociales a fines de mayo. Si bien ya había muchos videos anteriores, la máxima viralización podría haber sido causada por el famoso youtuber Dross. El personaje tiene 6 millones de seguidores, y es conocido por publicar relatos de terror sacados de las profundidades de la web. El 25 de mayo publicó esta historia y, por la facilidad de replicar (dos lápices, papel y cámara), el "desafío" se volvió viral y aparecieron miles de videos amateur.
El 27 apareció un video de 8 segundos en el canal de Warner Bros Latinoamérica con un fragmento del desafío y una mujer gritando, a modo de teaser de la película La Horca.

Ahora muchos apuntan a que el fenómeno viral no fue más que una inteligente campaña publicitaria de la película, pero una "investigación" (¿le podemos llamar así?) de The Independent sugiere que no fue así. El teaser apareció en el canal de Warner Latinoamérica, y no en el oficial, y en ningún otro adelanto o material de la película sugiere que el juego de los lápices sean el argumento de la película. Al no haber confirmación oficial de la compañía, parece que Charlie fue realmente un fenómeno viral de Internet, y que Warner editó rápidamente ese video para capitalizarlo. Ojalá sepamos la respuesta. Y si no la sabemos, tampoco vamos a perder el sueño.

El papa Francisco reiteró que para retar a un chico, "dos o tres palmadas en el traste no vienen mal". Pero la ciencia muestra que sí vienen mal.

La crianza de chicos ha sido desde siempre una cuestión de opiniones, sobre cómo nos criaron a nosotros y cómo nos formaron. El Papa incluso recomendó “dar coscorrones”. Según numerosos estudios científicos, los chicos que recibieron con frecuencia estos castigos, tuvieron más problemas de agresiones y con el alcohol de grandes que los que no.
http://bit.ly/1Jgaa87
http://bit.ly/1EHOE9s
http://ti.me/1r4OClc

Los usuarios convierten sus muros de Facebook en una burbuja ideológica

Algunos estudios muestran que cada vez más gente lo usa como único medio para informarse (leer noticias y opiniones). Pero los algoritmos de Facebook no muestran todas las noticias por igual, sino las que “cree” que nos van a gustar, y empezamos a percibir que todos opinan lo mismo que nosotros en muchas cuestiones.
http://bit.ly/1csnjNG

Queda un solo rinoceronte blanco en Sudan, y le pusieron guardia armada las 24 horas

El hecho de por sí es triste y curioso, pero urgar un poco la hace más sorprendente. Los rinocerontes son cazados no para comer su carne, usar su cuero o su marfil, sino por su cuerno, que no es de marfil. El cuerno es de queratina como nuestras uñas, y se usa en Asia porque creen que cura el cáncer. Y no hay ningún estudio científico que muestre que cura el cáncer
http://clar.in/1GUfOvp
http://bit.ly/1FssB8x

Los vehículos que se conducen solos de Google ya tuvieron 11 accidentes, y ninguno fue su culpa

Se están probando en California, y las computadoras leen el terreno con una combinación de cámaras, radares y GPS. Pero hacen algo que causó muchos accidentes porque nadie se esperaba: respetar las reglas de tránsito.
http://bit.ly/1KZbXfy

Uso de mosquito transgénico en Panamá disminuyó presencia del transmisor del dengue

Científicos liberaron 4 millones de estos insectos modificados para que den crías estériles y redujeron su población en un 93% en sólo 6 meses.
http://bit.ly/1cYEA0H

¿El mate es cancerígeno?

La OMS anunció que el mate está clasificado como “probablemente cancerígeno”, al igual que el glifosato. De qué se trata esta clasificación.
http://bbc.in/1ShhRxD

Destapan una red de científicos que compiten por meter canciones de Bob Dylan en sus artículos

Noticias extrañas si las hay. Simplemente eso, una red de varios científicos que titulan sus papers con títulos o letras de Bob Dylan, con ejemplos como: "Nitrix Oxide and inflammation: The answer is blowing in the wind", "Tangled up in blue: Molecular cardiology in the postmolecular era" "Blood on the tracks: a simple twist of fate?". Uno de los científicos reconoció que le preferiría ser famoso por sus aportes a la ciencia que por sus citas al compositor.
http://bit.ly/1pLc8hR

jueves, 28 de mayo de 2015

Cómo un periodista le hizo creer al mundo que el chocolate adelgaza



Llegamos al punto de leer en los medios que cualquier alimento produce cáncer o cura el cáncer, a veces el mismo plato hace las dos cosas al mismo tiempo. Lo mismo con las dietas, todo engorda o adelgaza. La ciencia dejó de importar, ahora sólo vale poner una imagen sexy y sugerir que eso que siempre creíste que hacía bien, en realidad hace mal. O al revés.

Los productores alemanes Peter Onneken y Diana Löbl querían filmar un documental sobre lo fácil que es decir una estupidez alimenticia, salir en todos los medios y salir impune. Así que contrataron a John Bohannon, quien en 2013 había mandado un estudio lleno de verdura a 340 revistas científicas, y un 60% se lo aprobó. (Casualmente hablamos de él en Peer Review, el dios de los científicos)

Hicieron un ensayo clínico real: reclutaron a varias personas y les indicaron que hagan cierta dieta. Luego relevaron los datos, hicieron estadísticas de verdad y lo publicaron. "Nuestro estudio es bastante típico en el mundo de las investigaciones dietarias. O sea: como ciencia, fue terrible. Los resultados no significan nada, y los consejos de salud con que los medios bombardearon a millones de personas, no tienen fundamentos", explica Bohannon en un extenso y detallado artículo en io9.

El objetivo de la investigación era que se viralice, y qué mejor que usar el chocolate, qué básicamente es azúcar y grasa. Y decir que adelgaza es shockeante. Un oxímoron. Como cuando Arjona dice "dame el remedio para no curarme nunca", o "santo pecado", bueno eso, no quiero seguir leyendo letras suyas.

Y para que la investigación sea un poco más seria que Arjona, Gunter Frank, el líder del ensayo, decidió usar chocolate muy amargo, con más de 80% de cacao. "El chocolate amargo sabe mal, así que uno puede creer que es bueno. Como la religión", argumentó.

Del experimento participaron 5 hombres y 11 mujeres de entre 19 y 67 años, que se dividieron en tres grupos. Uno siguió una dieta baja en carbohidratos, y el otro igual, pero con una barra de chocolate amargo de 43g por día, y al tercero no se les dieron indicaciones. Los tres durante 3 semanas. Al terminar el experimento, descubrieron que los dos grupos que hicieron dieta perdieron en promedio 2,2Kg (coman chocolate o no), mientras que el otro grupo no varió.

¿Por qué el estudio no sirve para nada?

  • Ni siquiera estaban buscando el peso
Hicieron 18 mediciones distintas: peso, colesterol, niveles de sodio, algunas de las cuales eran muy subjetivas como: bienestar general o calidad de sueño. La idea era encontrar alguna (cualquiera), que sea "estadísticamente significativa". En el mundo científico, algo es "estadísticamente significativo" si hay menos de un 5% de probabilidades de obtener esos resultados por azar. Dado que habían medido 18 cosas distintas, tenían más de un 60% de probabilidades de encontrar "algo". No importaba qué. Y ese "algo", fue la variación de peso.
  • Los grupos eran muy chicos.
Una mujer sólo por estar en su período menstrual, puede variar su peso en un par de kilos en pocos días. A esto sumémosle que quizás una de las personas decidió hacer dieta por su cuenta y mucho ejercicio, y movió la aguja del promedio. Para evitar estas cuestiones particulares se usan grupos grandes. Cuanto más, mejor. Cientos o miles de individuos, variados en género, etnia y edad. Acá eran grupos de 5 o 6. El promedio variaba incluso si uno se cortaba las uñas.
  • A los participantes del grupo control, ni siquiera se les preguntó qué comieron.
Podrían haber comido lasagna todos los días, o haber hecho menos ejercicio. No hay forma de saber si siguieron su conducta habitual.


Una vez encontrado el resultado, fue cuestión de ver dónde publicarlo. Y como vimos en el artículo anterior, hay cientos de journals depredadores dispuestos a publicar cualquier basura a cambio de un par de cientos de dólares.

Luego fue cuestión de apelar a la pereza de los periodistas. Armaron una página web de Wordpress sobre un tal Institute of Diet and Health, y publicaron un comunicado de prensa con un título llamativo, citas divertidas. Y poco más que eso. Ni siquiera mencionan el número de participantes en el experimento. El último paso fue enviarlo a la empresa PR Newswire que se encarga de difundir cables a los medios.



En poco tiempo lo habían publicado en el Daily Star, Irish Examiner, el sitio web alemán de Cosmopolitan, el Times de India, el Huffington Post de Alemania e India, y a la televisón en Texas y Australia. Nadie googleó el nombre del autor: Johannes Bohannon, que por cierto no existe (el autor tiene ese apellido pero se llama John y es científico en biología molecular de bacterias, y periodista). Ni del instituto, que tampoco existe y tiene 12 posteos desde febrero de este año (ninguno basado en ningún paper). Ningún periodista le preguntó con cuántas personas se hizo la investigación, ni contactó a otros profesionales para contrastar el estudio (el abc del periodismo).

Avance del documental sobre el experimento

"Hay un destello de esperanza en esta historia tragicómica", concluye Bohannon, "A pesar de que muchos periodistas se tragaron nuestros descubrimientos, muchos lectores fueron escépticos. Entre los comentarios, encontramos muchas preguntas que los periodistas deberían haber hecho, como: ¿Por qué no hicieron un recuento de las calorías consumidas por cada grupo? o El dominio de la página del Instituto fue registrado a principios de marzo, y todos lo publican como si fuera algo serio".

Colegas Periodistas: aprendan a usar Google, lean los papers, preocúpense un poquito en saber si lo que dicen es verdad. Porque el público sabe hacerlo.

Colegas gordos: el secreto es gastar más energía de la que comemos. Comer variado, menos cantidad y hacer ejercicio. El chocolate tiene muchas calorías en poca cantidad. La magia no existe.


Y recomiendo, por tercera vez: Peer review: el dios de los científicos.

jueves, 21 de mayo de 2015

Peer review: el dios de los científicos


Los científicos no tienen dioses, no tienen figuras de autoridad a las que obedecen con los ojos cerrados. O sea, no importa si tenés mucha plata, viste muchos documentales de física cuántica, hiciste un viaje espiritual por la India o ganaste un premio Nobel. Si decís que encontraste una nueva cura para el cáncer, tenés que mostrar pruebas, hechos, datos, gráficos y argumentos que muestre qué es y cómo funciona.

Así es la ciencia. Para mostrar esos datos, hay que escribir un artículo (paper para los amigos) y ofrecerlo para que otros lo revisen, repitan y corroboren o desmientan. Esto es el famoso sistema de revisión por pares, o peer review. El concepto de peer review es la institución más importante del mundo científico. La autoridad más elevada, que fiscaliza la veracidad de las teorías. Hasta que nuevos datos llevan a nuevas ideas, y se repite el proceso.

Bueno, así se supone que es la ciencia. En la vida real, algunos científicos son presionados por las instituciones públicas o privadas para las que trabajan, o sus mismos compañeros para publicar. Las malas lenguas dicen que la “calidad” de un científico no se mide por los descubrimientos útiles que hizo para la humanidad sino por cuántos kilos de papers publicó. Y por eso muchos hablan de publicar o morir. Publish or perish. A estas alturas me estarán odiando por usar tantos términos en inglés. Pero es así, son las palabras que se usan en ambientes académicos.

Las revistas (journals) en las que se publican estos papers funcionan de un modo particular. Y por una cuestión estética voy a dejar las cursivas y aclaraciones. Las más conocidas son Science y Nature, que publican papers de temas variados, y luego están las específicas de temas puntuales de cada rama de la ciencia como Monthly Notices of the Royal Astronomical Society sobre astronomía o Behavioral and Brain Sciences sobre psicología (la de verdad, no psicoanálisis). La teoría dice que uno investiga, escribe y envía a los editores. Ellos se encargan de revisar que no tenga errores graves de diseño: por ejemplo, si es un experimento de efectividad de alguna droga, que se usen muchos ratones (o personas) y no uno, que haya algún grupo de control que no haya recibido la droga pero sí un placebo, que las estadísticas estén bien hechas, que si se usaron personas, los sujetos en cuestión no sean amigos de los dueños del laboratorio (y que casualmente se hicieron millonarios el mes anterior). Lo básico, digamos.

Los journals más tradicionales se financian con las suscripciones de investigadores que las quieren recibir todas las semanas en sus casas, o Universidades, lo que también les brinda acceso a todos los papers anteriores. Acá empieza uno de los problemas: los editores reciben montañas de papers todos los días, y tienen que elegir los que creen más importantes, debido a que el espacio que tienen es limitado. Según el International Council for Science, hay evidencia anecdótica (una forma pintoresca de decir “en los pasillos se anda diciendo”) que los editores tienden a publicar más estudios si conocen personalmente a los autores o les gusta el tema en cuestión -más allá de la calidad científica en sí-.

Cuando se popularizó Internet empezaron a aparecer journals online con peer review, y claro, el problema del límite de espacio desapareció. El problema se trasladó a otro lado: para que se popularicen, su lectura tiene que ser libre, entonces ¿Cómo ganar dinero? Fácil, cobrar a los científicos por publicar. PLOS (Public Library Of Science), y sus ramas (ONE, Biology, Medicine, Computational Biology) es una de las más importantes y respetadas en el rubro de los Journals de acceso libre, y cobra unos 2000 dólares por publicar cada paper. Pero bueno, si uno cree que su investigación vale la pena, y las grandes revistas lo rechazaron (Nature y Science rechazan el 90% de los papers enviados), no queda otra que pagar ra prata.

Entonces en unas rechazan a todo el mundo, y en otras te piden un riñón a cambio. O sea, que haya un paper publicado en un journal con peer review es casi una garantía que lo que dice el científico es verdad. Muchos se toman al peer review como un dios, y sólo el título es una especie de verdad inapelable. Uno puede decir cualquier guasada, y si cita un paper. AH, debe ser cierto. Lo cual es un garrón, claro, porque igual que con las noticias, a veces el título dice una cosa y los datos otra. Pero bueno, la barrera de entrada tan grande era algo.

Hasta que algunos se avivaron. Quedaban muchas investigaciones afuera, y empezaron a surgir journals que prometen hacer peer review, y publicarte por 150 dólares. Hace poco, un australiano de nombre Peter Vamplew se cansó de que lo spameen los de International Journal of Advanced Computer Technology y les mandó un paper que se llama Get me off Your Fucking Mailing List, y consta de 10 páginas de esa frase, repetida y algunas ilustraciones:



Pensaba que no iban a responder, o lo iban a dejar de molestar. Pero se lo aceptaron, y le pidieron 150 dólares para pubicarlo.

También se hizo famoso a fines de 2014 un paper aceptado por el Journal of Computational Intelligence and Electronic Systems que fue enviado por Maggie Simpson, Edna Krabbapel y Kim Jong Fun.

En 2013, John Bohannon se inventó una investigación en la que “descubría” una cura para el cáncer extraída de líquenes. El paper estaba lleno de errores e inexactitudes obvias, y lo envió a 340 journals online. Un 60% se lo aprobó. Y rastreando las IP descubrió que muchos de ellos estaban radicados en la India o Nigeria (¿Se acuerdan de aquella estafa del nigeriano millonario que te quería regalar plata por email?). O sea, hay toda una organización de Predator Journals esperando cobrar para publicar cualquier porquería. ¿Y cómo esperar que realmente tengan peer review si ni leyeron el título? Los resultados se publicaron en Science: Who's Afraid of Peer Review?

Una vez más, los dioses -las autoridades incuestionables-, no sirven. Que exista un artículo no significa mucho, ahora vamos a tener que leerlo, y leer sus críticas y opiniones de expertos en la materia y todo eso. Lo que deberíamos haber hecho siempre, digamos. Lo bueno es que si mañana alguien aparece con un paper de título: “Entregarme a tu hermana cura el cáncer”, vas a poder responderle: “Si me dabas los 150 dólares te la entregaba, pero haciendo fraude científico, no. Así, no”.

La lista más actualizada de Predatory Publishers: http://scholarlyoa.com/2014/01/02/list-of-predatory-publishers-2014/

(2011) Bias in science publishing, International Council for Science http://www.icsu.org/publications/cfrs-statements/bias-in-science-publishing

Easterbrook PJ et al (1991) Publication Bias in Clinical Research, The Lancet. Apr 13;337(8746):867-72.

Song F et al (2010) Dissemination and publication of research findings: an updated review of related biases, Health Technology Assessment. Feb;14(8):iii, ix-xi, 1-193 doi: 10.3310/hta14080

Abraham John (2014) Deciding who should pay to publish peer-reviewed scientific research, The Guardian. 18 de septiembre http://www.theguardian.com/environment/climate-consensus-97-per-cent/2014/sep/18/who-should-pay-to-publish-scientific-research

Bohannon, John (2013) Who's afraid of peer review?. Science 4, October. Vol 342 no. 6154 pp. 60-65 DOI: 10.1126/science.342.6154.60 https://www.sciencemag.org/content/342/6154/60.summary

Butler, Declan (2013) Investigating Journals: The dark side of publishing. Nature 495, 433-435 (28 March 2013) doi:10.1038/495433a http://www.nature.com/news/investigating-journals-the-dark-side-of-publishing-1.12666