Artículos Recientes

martes, 6 de enero de 2015

Al final el frío sí resfría (video)


Hace un par de años publiqué un artículo con un título genial: "El frío no resfría: tus padres te mintieron", lo cual técnicamente es cierto, ya que lo que resfría es una infección viral. El argumento de la nota era que en 2005 habían hecho un experimento en el que le enfriaban los pies a 90 voluntarios, y sólo un 10% se resfriaban, frente al 5% que lo hicieron otras 90 personas que no recibieron el proceso. La diferencia entre ambos era mínima, y muy cercana a lo esperable por azar.

De acuerdo a esos resultados, el frío no parecería tener una inferencia importante en la afección de este proceso viral. Pero surgieron nuevos estudios con nuevos resultados que nos obligan a cambiar nuestra forma de pensar.

Científicos de la Universidad de Yale tomaron células de las fosas nasales de ratones para ver cómo respondían a una infección de rinovirus. Las separaron en dos grupos, exponiéndolas a 37º, y a 32ºC respectivamente. Y observaron que a 37ºC, la población de rinovirus fue mucho menor.

Pero, ¿La baja temperatura afecta al virus o a nuestro sistema inmune? Para responder esto, repitieron el experimento usando células genéticamente incapaces de detectar el virus. Y los virus se reprodujeron mucho más, casi de igual modo en ambos casos. Asi que concluyeron que las bajas temperaturas afectan a nuestro sistema inmune, como decian nuestras madres.



-Experimento con células nasales de ratones
-Meta-análisis sobre Vitamina C
seguir leyendo...

domingo, 4 de enero de 2015

Barrio Turing (cuento)


Jorge abrió los ojos despacio, y la imagen tardó en ponerse nítida. Estaba acostado en una cama desconocida. La habitación era blanca, totalmente lisa, y cuando miró a los costados vio otras dos camas, donde estaban su madre y su hermana, las compañeras del viaje. Habían estado viajando. Iban en auto por una ruta alternativa a la autopista. "Queremos ir paseando", insistió la madre. Y bueno, mejor ir paseando que con ella quéjandose todo el camino. Estaban dormidas todavía, pero ¿todavía respecto a qué? Lo más lógico era que hayan tenido un accidente y fueron salvados, pero no estaban heridos. Y además de girar la cabeza, no se podía mover, se sentía paralizado.
El diseño moderno era uniforme en todo el dormitorio. Minimalismo al punto de tener una única lámpara negra que colgaba del centro del techo, y emanaba luz de una placa de acrílico esfumado blanco. En las paredes no se veía ningún interruptor, ni siquiera una imperfección. Las camas eran de acero pulido espejado, y las sábanas de un rojo sangre con flores hawaianas amarillas y celestes. Esto es lo único que hacía pensar que no estaban en alguna especie de laboratorio futurista.
La puerta negra y lisa se deslizó despacio con un leve sonido neumático, y una  abuela perfecta entró. Tenía un pulóver de lana gris, ruleros y una cara que parecía conocida. No era su abuela, ni la de sus amigos, ps.ero parecía una cara común. Una abuela común.
-Veo que ya se despertó joven-, dijo la señora.
Jorge recuperó la movilidad con un espasmo y se incorporó en la cama.
-¿Qué pasó?
-¡Mi nieto los salvó del río! Su auto se desbarrancó del puente y él los pudo sacar. Como estaban inconscientes y todos mojados, nos tomamos el atrevimiento de cambiarles la ropa-, explicó la señora.
-¿Por qué no nos despertaron?
-Lo intentamos, pero no reaccionaban-, dijo con un suspiro y continuó: -Siga descansando un rato y cuando ellas se despierten, vengan a tomar unos mates.
Jorge se sentía perdido. Estaba perdido. Y lo habían desnudado. Esa no parecía la casa de una señora mayor. Las sábanas perdieron nitidez, y tomaron el color de las paredes. Luego todo pasó de blanco a negro.
Se despertó de una cachetada. Cuando la imagen volvió, su hermana lo sacudía y lloraba.
-¿¡Qué pasó!? ¿¡Dónde estamos!?
-Nos caímos a un río y esta gente nos rescató-, respondió Jorge.
-¿Qué gente? ¿Qué es este lugar?
-No se Eugenia, me desperté hace un rato, vino una vieja y me dijo eso. Pero no tengo idea.
Marcela se despertó segundos después y se sentó en la cama con las mismas preguntas. Jorge se acercó a la puerta sin picaporte y esta se deslizó dentro de la pared. Del otro lado había un largo pasillo estilo colonial, de baldosas antiguas recién instaladas y ventanales que daban a un extenso parque con arbustos y césped perfecto. Al final del tramo había un enorme arco de madera oscura. Empezaron a avanzar descalzos como estaban, y no sabían si sorprenderse más por el accidente, la pulcritud de lugar, o el cambio de estilos arquitectónicos. Al pasar la arcada estaba la abuela sentada en un gran sillón tejiendo.
-Hola señora.. -, murmuró Eugenia.
-¡Ya se despertaron! ¿Pudieron descansar? Las camas son medias duras, ah, y disculpen el desorden por favor.
Jorge miró alrededor. Había un estante gigante lleno de libros perfectamente ordenados, una mesita de vidrio, y dos sillones más. Debía ser la biblioteca de alguna mansión escondida en un pueblo a la vera de la ruta. Y no había ningún desorden, todo estaba en su lugar. Era una de esas frases genéricas que dice la gente para romper el hielo.
-¡Qué suerte que están bien! Mi nieto fue a preparar unos mates y algo para comer, deben tener hambre después de un día entero de sueño.
No hubo tiempo a responder. El nieto, un hombre de casi treinta años, bronceado y con el cuerpo esculpido llegó a la biblioteca con lo que la señora prometía. Su cara simétrica y proporcionada recordaba a la de algún modelo, pero ninguno que pudiera reconocer. Jorge lo miró, luego vio la mirada perdida de su hermana y resopló.
- ¿Vos nos rescataste?-, preguntó Eugenia, -¿Qué pasó?
El nieto dejó la bandeja en la mesita con movimientos sutiles y se sentó en el sillón de un cuerpo opuesto al de su abuela.
-Siéntense por favor, y que alguno cebe el mate-, dijo señalando al sillón grande y luego a las cosas de la mesa. -Pasó todo en unos segundos. Yo estaba en mi camioneta recorriendo el campo cerca de la ruta y el río, cuando vi su auto desviarse antes de llegar al puente y caer directo al agua. Aceleré, me bajé y me tiré a buscarlos. El río no es profundo pero si se quedaban ahí, se ahogaban.
-Es raro que no nos hayamos podido despertar-, dijo Jorge. -¿Y el auto?
-Quedó en el agua, no lo pude sacar. A estas alturas se lo debe haber llevado la corriente. Pero no se preocupen, mi padre se les va a comprar otro.
-No no, ¿Por qué va a hacer una cosa así? Tenemos seguro, sólo hay que denunciarlo.
-Bueno, ese es el problema. Acá estamos en un barrio cerrado. Es un predio privado donde no entran las autoridades. El lugar empieza al borde de la ruta y el auto cayó justo para este lado.
-¿Cómo que no entran las autoridades?
-Bueno, es difícil de explicar, los dueños son gente de mucho poder y hay un arreglo para que la seguridad privada se encargue de todo lo que sucede aquí dentro. Pero vengan, vamos afuera, les voy a mostrar.
El ambiente era extraño. No sólo se veía caro sino también perfecto. Las puertas eran todas neumáticas, como la del dormitorio. Salieron al exterior en comitiva. El cielo celeste no tenía ni una nube, y parecía hacer juego con el césped cortado con precisión milimétrica. Había senderos pequeños, calles de pavimento suave y liso, y autos de alta gama estacionados en algunas entradas, sin suciedad. Las casas eran simples y agradables. Bloques de hormigón y vidrio con construcciones antiguas incrustadas.
-Esto es Barrio Turing, un pequeño pueblo privado que no está en los mapas. Me alegro de que hayan llegado, a pesar de su accidente, no tenemos muchos invitados. Hoy pueden quedarse a cenar y dormir, mañana van a tener el auto nuevo. Mientras tanto, pueden ir a pasear. Ah, y por cierto, no me presenté, soy Mariano.
-Un gusto, Jorge. Y ellas son mi hermana Eugenia y mi madre Marcela-, respondió extendiendo la mano.
Marcela no había dicho ni una palabra desde que salió del cuarto blanco. Eugenia y Jorge algunas, pero los tres estaban sorprendidos y entendían poco. Salieron a caminar, y cada cosa que veían era nueva y sorprendente. Pasaban algunos vecinos trotando, y en la propiedad de enfrente había uno cortando el césped con una máquina extraña y silenciosa. Salvo la señora mayor, todos se veían jóvenes y con cuerpos en buena forma. Los corredores llevaban ropas nuevas fosforescente con líneas negras, y sin las típicas marcas de atuendos deportivos. Parece que entre los ricos no estaba de moda hacer publicidad gratis a las grandes multinacionales del deporte.
-¿Vieron ese auto?-, dijo Eugenia señalando a un Porsche que habían visto estacionado antes.
-Sí, son autos caros-, respondió Marcela.
-Ya se, pero miren los vidrios.
Jorge seguía caminando mientras observaba el resto de las maravillas arquitectónicas e ingenieriles.
-¿Es blindado? Son normales entre los ricos.
-No, no tiene vidrios.
Eso sí mereció que Jorge se de vuelta. El Porsche no tenía vidrios, ninguno. Ni en las ventanas, ni parabrisas. Y cuando se acercaron vieron que tampoco en los espejitos retrovisores. Pero no estaba chocado, ni en reparación, ni lo estaban modificando. Estaba ahí como si nada.
-Bueno, no son gente común. Quizás les gusta sentir el viento en la cara-. La explicación de Jorge no tenía sentido pero fue lo único que se le ocurrió. Extendió la mano para tocar el hueco que dejó el cristal del asiento del acompañante, La vista se le puso negra y se desplomó. Eugenia y Marcela se agacharon para socorrerlo y sintieron cómo se les apagaban las luces también.



-El golpe debe haber sido duro-, escuchó Jorge en medio de la oscuridad. -Pero ya se van a recomponer
Jorge abrió los ojos y estaba de nuevo en la habitación blanca, esta vez además de  Mariano y su abuela, estaba también un adolescente. No llevaba ropa estrambótica como los demás, sólo una remera blanca, bermudas de jean y zapatillas de lona negra. Las mujeres se despertaron momentos después que Jorge y se sentaron en la cama.
-Hola, yo vi cómo se desmayaron junto al Porsche-, dijo el muchacho.
-Sí, lo escuché gritando que tres personas se habían desmayado, así que los fui a rescatar de nuevo-, dijo Mariano con media sonrisa-. Durmieron como dos horas. ¿Están bien como para ir a tomar los mates que tenemos pendientes?
-¿No sería mejor ir a un hospital a que nos hagan estudios?-, respondió Marcela.
-Estamos muy lejos-, dijo el nieto-. Además no creo que sea nada importante, pero si se vuelven a desmayar los llevo sí o sí.
El concepto no sonaba muy convincente para la familia, pero realmente no se sentían mal, y tenían que cumplir la promesa.
Volvieron a la biblioteca y se sentaron alrededor de la mesita. El adolescente no paraba de observarlos. Cuando los dueños de casa se fueron a la cocina, finalmente les preguntó:
-¿Cómo llegaron ustedes acá?
-No se. Parece que nuestro auto se cayó al río, nos desmayamos y nos rescataron-, dijo Eugenia.
-Bueno, son las primeros invitados que veo.
-¿Cómo los primeros? ¿Tienen todo este lugar y no invitan a nadie?
-La verdad no se. Yo siempre viví acá.
-¿Nunca saliste?
-No.
-¿Cómo nunca? ¿Colegio, hospital, viajes?
-No, tenemos una escuela acá. Nunca me enfermé, acá nadie se enferma. Mis padres dicen que este lugar es un santuario, que acá no llegan las enfermedades. Por eso no salimos ni viajamos. Tenemos todo lo que necesitamos.
-Pero.. -, murmuró Jorge. Estaba confundido. Nunca había escuchado de algo así, y las demás tampoco.
-Me alegro de que hayan llegado. ¿También están pasando cosas raras estos días afuera?
-¿Raras cómo? “Afuera” hay robos, asesinatos, políticos corruptos, pero nada fuera de lo común.
-No ya se, pero cosas raras digo, como el Porsche sin vidrios.
-¿Para qué se los sacaron? -, preguntó Eugenia.
-No se, ese es de los Schneider. Lo tuvieron ahí siempre, nunca vi que lo usen. Y esta mañana no tenía vidrios. Les pregunté y ellos no se los sacaron. Y acá robos no hay. Se desvanecieron.
-Quizás los mandaron a polarizar y te mintieron.
-Puede ser, pero yo vivo enfrente y no vi que lo movieran ni nada. Además pasan otras cosas raras. Estuve leyendo mucho en Internet sobre plantas, y parece que no es normal que haya árboles iguales.
-¿Cómo árboles iguales?
Mariano volvió a la habitación cargando una bandeja con el termo y el mate, y su abuela venía detrás con galletitas. El adolescente se llevó el dedo índice a la boca para frenar la conversación, y Marcela frunció el ceño, sorprendida.
-Gabriel es un personaje-, dijo el nieto-. Seguro les está contando sus teorías de que encuentra cosas raras.
Jorge notó algo que antes no había visto. El equipo de mate era el mismo que tenía su madre. Un termo de acero inoxidable genérico, y un mate de madera oscura torneada con bombilla también de acero sin adornos. Le dirigió la mirada a Marcela, quien también se sorprendió.
-¡Tengo el mismo en casa!
-Ah, ¡mirá! Todos nos dicen lo mismo. Debe ser uno muy común, viste que ahora es todo producción en serie. No se si los fabricarán acá o los traen directamente de China-, dijo el nieto mientras cebaba y le alcanzaba el primero -. Fijate si te gusta, está amargo, dejé de comer azúcar y me acostumbré así.
-¿No sabés qué pasó con el Porsche?-, preguntó Jorge-. Porque estábamos mirando eso antes de desmayarnos. Parece que se robaron los vidrios, o algo.
-Ahh, los Schneider. Son gente rara. Tienen el auto ahí desde hace un montón. Son capaces de haber vendido los cristales para pagar la cuota de Barrio Turing. Creo que es un modelo de colección ese-, dijo el Mariano.
-¿Y los árboles?
Gabriel fulminó a Jorge con la mirada.
-¿Qué tienen los árboles?-, preguntó Mariano.
-Gabriel nos decía algo de los árboles.
-Bueno, esta semana los estaba mirando, y vi que había dos exactamente iguales. Las mismas ramas en los mismos lugares. Incluso conté las hojas de algunas partes y había la misma cantidad.
-Uh, vos y tus observaciones. Ya te dije, deben ser transgénicos, o algo así-, dijo Mariano.
-Es que pensé eso, pero no puede ser. Traté de hablar por teléfono con la Universidad Nacional de Rosario pero las líneas que van afuera no funcionan, y nadie me responde los correos. Y digo que no puede ser porque según leí, algunas plantas son clones naturales, y aun así, crecen y van cambiando de acuerdo al viento o el sol. No puede haber dos árboles iguales, y estos lo son. Y seguí buscando, y encontré varios más. Conté veinte árboles distintos, y todos son como repetidos.
-Es que tenés que pedir autorización para que te habiliten las líneas para llamar afuera del Barrio, es por seguridad-, dijo Mariano.
-¿Me los mostrás?-, preguntó Jorge.
-Estamos tomando mate..-, protestó Eugenia.
-Vayan ustedes dos, nosotros nos quedamos-, dijo Mariano.
Gabriel se levantó del sillón y fue hacia la puerta, seguido por Jorge con paso acelerado.
-¿Nadie te da pelota cuando les decís estas cosas?-, preguntó.
-No, me dicen que “las cosas son así” y siguen con lo suyo. Salen a correr, miran televisión y no hacen nada más. Siento que soy el único que piensa, que se pregunta cosas, son todos como ganado. Ni siquiera les preocupa el cielo.
-¿Qué tiene el cielo?
-Está nublado.
-Pero cuando nos desmayamos estaba totalmente descubierto.
-¿Viste? Parece que se nubló en este ratito. Y es la primera vez en dos semanas.
-Nosotros vivimos no muy lejos de acá, y la semana pasada llovió.
-Bueno acá no.
-Es muy raro este lugar. Vas a pensar que estoy loco, pero siento que hubiéramos muerto en ese accidente, y esto es algo así como el paraíso. O sea, todo es raro. El mate era igual igual. Tenía las mismas rayaduras y todo.
-Y soy yo el de las teorías raras. Quedate tranquilo, estamos vivos. Los árboles están por allá.
Eran pocos metros y los caminaron en silencio. Las conversaciones genéricas entre desconocidos se habían agotado. Ni siquiera podían decir “qué loco que está el tiempo” como cuando uno comenta con el vecino en el ascensor, porque en este caso realmente estaba loco.
Jorge se puso a mirar los árboles y el muchacho tenía razón, había algunos que eran exactamente iguales. Incluso la corteza. Parecía que los ricos y poderosos tenían acceso a una biotecnología que ni siquiera existía en los laboratorios más modernos.

Mariano seguía contando anécdotas de la alta sociedad en Barrio Turing que le resultaban cada vez más aburridas a Marcela y Eugenia, cuando sonó su celular. No dijo ni una palabra pero se puso serio y cortó.
-Chicas, tenemos que salir un momento.

Jorge y Gabriel seguían mirando los árboles y contando hojas, cuando escucharon el rechinar de cubiertas y dos motores a toda potencia. Eran dos utilitarios negros con vidrios polarizados. Uno se desvió del camino en dirección a la casa de Mariano y el otro se dirigió a ellos. Derrapó arrancando una buena cantidad de césped. Los dos curiosos estaban paralizados. La puerta corrediza se abrió y bajaron tres tipos con capuchas negras y armas largas que los rodearon en un segundo.
-Súbanse por favor-, dijo calmadamente el que debía ser de más alto rango.
-¡Pero no soy un ladrón! Me caí al río y me rescataron ¡Pregunte, fue el chico de la casa de allá!-, gritó Jorge. La seguridad privada del barrio cerrado parecía seria.
-Ya lo se. Adentro. Los dos.
-Es un invitado, y yo vivo acá ¿Qué tengo que ver?-, preguntó Gabriel.
-Adentro vos también.
Jorge vio que Marcela y Eugenia habían salido de la casa, y estaban siendo secuestradas también por el otro  vehículo.
-¡¿Ellas también?! ¡¿Qué mierda quieren?!
-Tranquilo, no les vamos a hacer nada.
Tuvieron que meterse en el camión. Mientras lo hacían, Jorge pudo ver por el rabillo del ojo algo que no había notado antes. Exactamente la mitad del cielo se había despejado, y la otra estaba mucho más oscura que antes, parecía a punto de llover.
-¡¿A dónde nos llevan?!-, gritó Gabriel, -¡Esto no es seguridad, es un secuestro! ¡Los voy a denunciar en la administración!
-Nosotros somos los arquitectos y administradores de Barrio Turing.
-¿A dónde vamos?-, insistió Jorge.
-A la oficina señor. Estamos cerca.
No se podía ver qué había afuera, pero se empezaron a escuchar relámpagos. El vehículo siguió un poco más hasta que aminoró la velocidad y se detuvo. Las puertas se abrieron, revelando un enorme galpón blanco. Podría haber sido un hangar de aviones, pero las típicas vigas y el techo de chapa no se veían, parecía cubierto con un cielorraso. El suelo era brillante, como plastificado. Los únicos muebles eran un juego de sillones iguales a los de la casa de la abuela, pero eran cuatro de dos cuerpos dispuestos alrededor de una mesita negra.
El otro camión había estacionado atrás, y del espacio de carga salieron Marcela y Eugenia llorando. Corrieron y abrazaron a Jorge.
-¿¡Estás bien!? ¿¡Qué es todo esto!?
-No pasa nada, tranquilas, son de seguridad-, dijo Jorge aparentando tranquilidad.
-Tomen asiento, por favor- dijo uno de los hombres de negro.
Los cuatro se sentaron en distintos lugares y los administradores se quitaron las capuchas e hicieron lo mismo.
-Me gustaría presentarnos. Soy el Doctor Hugo Goldberg, neurocientífico, y ellos son el Licenciado en Informática Arnaldo Ceresa, y el matemático Roberto Costello, todos investigadores de un proyecto secreto del Conicet.
-¿Y para qué usan armas los científicos?-, preguntó Jorge.
-para que entren en la camioneta,- respondió amenazadoramente. Luego dejó escapar una risa y agregó- tranquilos, no son armas de verdad.
-¿Secuestran a los invitados y residentes de un barrio privado para un experimento?
-Bueno, es un poco más complejo. ¿Ustedes creen que están vivos, en un barrio privado?
Jorge agrandó los ojos.
-¿Qué querés decir, que morimos en el accidente y esto es el purgatorio?-, preguntó.
-¡Te dije que existía Jorge! - susurró Eugenia clavándole las uñas en el brazo.
-No, no ¿Por qué pensaron eso? Es cierto que ustedes tuvieron un accidente, y estaban inconscientes, así que los “tomamos prestados” para un experimento. Trabajamos en el desarrollo de Inteligencia Artificial, creamos un barrio virtual y necesitábamos sujetos que prueben si podían darse cuenta de la situación. Barrio Turing no existe. Este mismo lugar no existe- empezó a explicar el informático.
Gabriel esbozó una sonrisa. Hasta esta mañana creía estar primero en el ránking de locura. En la última media hora había bajado varios puestos.
-Estamos dentro de un programa informático, una simulación de la realidad. Y está empezando a tener problemas, por lo que tenemos que finalizarla. Habrán notado que tuvimos algunas fallas con la textura del cielo y los cristales-, siguió diciendo.
-Lo más interesante, es que dentro del programa surgió una anomalía. Usted, Gabriel-, dijo el neurocientífico señalando al residente-. Usted mismo mencionó que se sentía rodeado de animales aburridos que hacían siempre lo mismo. Tenía razón. Usted es una anomalía. Parece que el sistema se desarrolló más de lo previsto, y de algún modo cobró conciencia.
-Me está diciendo que no existo-, dijo el joven.
-Sí existe, pero es el resultado de infinitas líneas de código. Usted de algún modo empezó a hacerse preguntas y descubrir cosas. Y anotarlas en su cuaderno. Usted tiene vida y conciencia propia. No es un mero autómata como todos sus vecinos.
-¿Cómo pretende que me crea eso?-, respondió, arqueando una ceja.
-Nosotros somos los arquitectos del experimento. Los diseñadores de Barrio Turing. Usted contó veinte árboles iguales, y estuvo muy bien. Diseñamos veinticuatro árboles distintos y los multiplicamos.
-¿Y cómo se que lo de las plantas no es algún experimento de Monsanto?-, preguntó Gabriel.
-Bien pensado. Pero ninguna empresa puede hacer esto.
Las paredes y el suelo blanco desaparecieron. De repente los sillones estaban dispuestos en medio de un parque. El suelo bajo sus pies se transformó en un césped verde y abundante que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Eugenia abrazó a su madre y Jorge se incorporó. Se arrodilló para tocar el suelo. El césped tenía la misma textura, color y aroma que el real. El cielo seguía partido en dos mitades perfectas, celeste y tormentoso. Los vehiculos ya no estaban.
-¿Qué clima prefieren? ¿Nubes, sol, noche, estrellas fugaces?-, dijo el informático, y una mitad del cielo cambiaba a  medida que lo mencionaba como si fuera una pantalla-.  Realmente somos los dioses de este mundo virtual y podemos hacer casi lo que queramos. Esto es lo más genial, miren-, y aparecieron cuatro postres sobre la mesita. Enormes helados con frutas, chocolate y crema de avellanas.
-Pueden comerlos ahora sin miedo a engordar. El sabor, textura y aroma están perfectamente programados. Pero el sistema está fallando y no podemos continuar mucho más con la simulación. Lo que importa es que el experimento un éxito. Ustedes lograron interactuar con la simulación sin apenas notarlo, especialmente con el muchacho consciente. Así que la Inteligencia Artificial está perfectamente desarrollada.
-Pero-, empezó a decir Jorge-, él es parte de la simulación.
-Sí-, respondió el neurocientífico.
-Y si la apagan se va a morir.
-Bueno, técnicamente él no está vivo.
-Eh.. sí lo estoy, puedo pensar y sentir. No quiero dejar de hacerlo-, replicó Gabriel.
-El sistema nos está costando mucho, y no podemos invertir en reparar los errores.
-¡Pero estoy vivo! ¡No pueden eliminarme por una cuestión monetaria! ¡Pueden salir,  explicar la situación y pedir más dinero! ¡Ustedes me vieron!-, le dijo a la familia -. ¡Salgan y ayúdenme!
Jorge se levantó del suelo y levantó al matemático del chaleco.
-Está vivo. No será de carne y hueso pero tiene vida. Yo voy a hablar de todo esto. Si no lo ayudan, voy a denunciarlos por asesinato.
-Bueno, bueno, está bien-, dijo el informático intentando calmar la situación-. Esto podría interpretarse mal por alguna comisión de bioética. Podemos poner el sistema en hibernación hasta aclarar las cosas.
-¿Y yo qué voy a sentir?
El cielo se puso blanco, y el césped empezó a desaparecer de a bloques desde lejos. El mundo se estaba apagando.
-No vas a sentir nada, simplemente vas a dejar de existir. La diferencia es que el código que te dio vida quedó guardado, así que te vamos a poder “reencarnar” en otro momento.
-¿O sea que va a ser como irme a dormir para luego despertarme?
-No exactamente. Vamos a usar tu mismo código, pero tu conciencia actual es producto del libre albedrío que se generó desde que empezó la simulación-, dijo el neurocientífico-. No te vas a acordar de esto.
-Entonces me voy a morir.
-Señores, tenemos que salir ahora-, dijo el Licenciado Ceresa. Lo que era blanco se puso negro.

Los tres científicos se despertaron en un laboratorio en sillones especiales con abrazaderas en las extremidades, y la cabeza repleta de cables. Arnaldo Ceresa vio el tubo fluorescente cubierto con una fina capa de polvo y sonrió. “Las dulces imperfecciones que le dan el toque de realidad a las cosas”, pensó. Dos asistentes les quitaron los soportes del cuerpo y un grupo de cuatro investigadores aplaudía en cámara lenta.
-Muy bien-, dijo el más viejo con bigote-. La simulación funcionó mejor de lo esperado, y conseguimos registros de Inteligencia Artificial verdadera. El residente de Barrio Turing se hizo preguntas, recolectó datos y elaboró hipótesis. Era distinto y quería vivir.
-Profesor-, dijo Goldberg, el neurocientífico, mientras se levantaba del sillón-. Eso no fue lo más sorprendente. El resultado más interesante fue Jorge. Eugenia y Marcela fueron bastante predecibles. Pero Jorge arriesgó su integridad al atacarnos para proteger a su amigo. Inclusó pensó una idea para salvarlo. El código evolucionó y demostró tener una moral. Creamos vida.

Ceresa terminó de apagar los sistemas y dijo para sus adentros: “Y los matamos”.

seguir leyendo...

jueves, 11 de diciembre de 2014

En el quirófano: cómo se instala un cardiodesfibrilador



Hay tecnología médica que parece ciencia ficción. Si alguien dijera que es posible instalar una computadora dentro del cuerpo que mide los latidos del corazón, y en caso de haber alguna arritmia, el dispositivo le da un poderoso pulso eléctrico a través de cables que van dentro de vasos sanguíneos para reestablecerlo a su ritmo normal, quizás pensarían que es una locura.

Esa es la descripción de un cardiodesfibrilador automático implantable. La idea surgió en los '60, y el primer dispositivo fue aprobado por la Food and Drug Administration de EEUU para su comercialización en 1985, y desde entonces avanzaron muchísimo.

Según Boston Scientific Corporation, los infartos (agudos de miocardio) tienen una mortalidad del 75%, y estos son producidos en un 85% por taquicardias ventriculares. Las personas que han tenido arritmias graves con anterioridad o los médicos creen que puede tener una; son candidatos a tomar medicamentos regularizadores, o bien recibir el implante de un cardiodesfibrilador automático. La batería de este dispositivo debe cambiarse cada 5 años, y el cable que llega al corazón, cada 10. Mientras tanto, el mismo va llevando un registro de los pulsos cardíacos, y puede descargarse a una computadora externa de forma inalámbrica. La cirugía es rápida, y nisiquiera lleva anestesia total.

En esta nueva entrega de Proyecto Sandía Video, el Cirujano Cardíaco José Luis Ameriso me invitó al quirófano para mostrar qué es y cómo se instala este genial dispositivo.

Al final hay un enlace para suscribirse al canal, y ojalá lo disfruten y compartan con sus amigos médicos.

seguir leyendo...

jueves, 16 de octubre de 2014

Ebola: el virus zombi para invadir Africa


Bueno, con ese título supongo que tengo su atención, y no es tan descabellado porque condensa un poco la mezcla de estupideces que andan dando vuelta por Internet.


Estos días aparecieron varios artículos en blogs con nombres extraños estilo: Matrix Holográfica o Detengan la vacuna (en este último hay más de mil comentarios, algunos que incluso afirman que "el ébola es una mentira para vender medicamentos igual que el HIV, que tampoco existe")

Uno de los blogs cita a "un africano" (con un nombre genérico e irrastreable estilo Yogurtu Mghe de Les Luthiers) que dice que el ébola no existe y es un mito creado por EEUU para matar a los pobres e invadir Africa.

Conspiraciones así no sólo son dañinas para los incontables investigadores públicos y privados de todo el mundo que están trabajando en el tema (si hubiera sólo un puñado, quizás podría ser todo mentira, pero son tantos de distintos ámbitos que resulta imposible), sino también para los pobladores de las ciudades en riesgo, ya que afirman que "el ébola no existe, y uno sólo puede contagiarse si recibe una de esas vacunas".

Ni hablar de casos como el de Monrovia el pasado agosto, en donde un grupo armado asaltó a un campamento y "liberó" a los pacientes en cuarentena porque creían que era una conspiración del gobierno para captar donaciones internacionales.
Mapa del 3 de octubre sobre la incidencia del ébola en Africa. Para ver mapas anteriores o chequear si hay alguno nuevo, miren esta página de la OMS.

¿Existe el ébola?
El ébola sí existe, y sí es peligroso. Es cierto que al día de hoy mató menos gente que la gripe normal mata cada año, pero el peligro no es sólo ese, sino la potencialidad de que se convierta en una pandemia y se vaya todo al carajo. Se contagia por fluidos corporales (es más parecido al HIV que al resfrío), pero tiene una tasa de mortalidad en más de la mitad de los casos, y en un lapso de un mes, y todavía no hay una cura.

Si dudan de que el virus exista, pueden chequear las últimas investigaciones publicadas estos días, y contactarse con cualquiera de esos científicos para preguntarle personalmente:
http://ebola.thelancet.com/


Medios de comunicación
Sí es cierto que los medios están exagerando un poco. Siempre pasa eso cuando surge algo nuevo. En Argentina y países donde todavía no ha llegado no hay que preocuparse ni hacer nada. En países donde sí llegó, hay que hacer caso a lo que recomiendan los organismos oficiales y no entrar en pánico (y no tener sexo o beber sangre de los infectados).

Charlatanes
Algunos artículos dicen que se cura con vitamina C, homeopatía, cortezas de árboles, sales de baño, o incluso una máquina ozonizadora que se vendía en Mercado Libre. Todo esto es mentira, y sinceramente creo que quienes publican esas cosas deberían estar en un calabozo húmedo y solitario.


Zombis
Mi parte favorita, los zombis (en Proyecto Sandía ya hemos visto por qué nos gustan tanto). La imagen que encabeza el artículo fue la ilustración de numerosos artículos que afirmaban un levantamiento de muertos vivientes.

La historia fue inventada por el sitio Big American News, y la foto no es más que una captura de la película World War Z, a la que le hicieron un lavado (o ensuciado) de cara al personaje.


Quizás los laboratorios estén inventando alguna mentira para vendérselas a los gobiernos y levantar millones. Es difícil de saber. Pero mientras no tengamos pruebas, evitemos divulgar conspiraciones y tonterías peligrosas.

-Mapas actualizados de la OMS sobre la incidencia del ébola: http://bit.ly/ZBZxbf
-Página especial de la OMS  sobre el ébola: http://www.who.int/csr/disease/ebola/es/
-Sitio de la revista científica The Lancet:  http://ebola.thelancet.com/
-5 curas falsas del Ébola que se hacen virales (aunque parezca extraño, es una nota del portal de propaganda ultramagufo Russia Today, pero este artículo es interesante): http://bit.ly/1vTrjMw
seguir leyendo...

sábado, 6 de setiembre de 2014

Nuevo video: La decepción de la Superluna


Este año los medios estuvieron haciendo mucho ruido con el tema de la superluna, luna gigante y otros nombres así. Hasta el punto en que muchos creían que la iban a ver grande como cuando Jim Carrey la acerca para su amada, en Todopoderoso.

Por desgracia o por suerte (no me quiero imaginar los tsunamis que eso habría generado), eso no pasó. En este nuevo episodio de Proyecto Sandía Video explico qué hay detrás de este fenómeno que es más mediático que astronómico. Y sí, tal como muestra la foto, la relación entre "superluna" y "miniluna" (si llamásemos así al momento en que se ve más chica de todo el mes), no es más que la diferencia entre una moneda argentina de cincuenta centavos, y una de un peso.

Este lunes se va a ver por tercera vez en 2014, después del 12 de julio y el 10 de agosto. Y la próxima va a ser recién el 14 de noviembre de 2016.


Todo desarrollado en un estudio de televisión de última generación.

seguir leyendo...

lunes, 18 de agosto de 2014

Leonardo Moledo, la leyenda

El sábado pasado falleció Leonardo Moledo. Es un personaje que no necesita mucha introducción. Estudió Matemáticas en la UBA, pero fue más conocido por escribir muchos libros de divulgación científica, e incontables artículos en el suplemento de ciencia Futuro, de Página/12.


Quienes tuvimos la suerte de conocerlo de forma personal, sabemos que era un personaje único. Le encantaba conocer gente cercana de algún modo al mundo de la ciencia. Tenía un departamento lleno de libros. Llenísimo. Y no eran de relleno, eran todos interesantísimos para los que estamos en estos temas, y él los había leído casi todos.
En estos últimos años, cada día bajaba a un bar que tenía enfrente, el mítico La Orquídea, que queda en Avenida Corrientes al 4100, en Buenos Aires. Llevaba algunos libros bajo el brazo, algunas hojas y una birome. Leía, leía y escribía. En papel. Cuando las ideas tenían forma lo pasaba a algún procesador de textos. Conocía a todo el mundo, y a todo el mundo le caía bien. Uno se podía tomar un café con él desde después del mediodía hasta casi el anochecer. Y sorprenderse de cuántos pasaban y lo saludaban.

Recuerdo que lo contacté por primera vez en 2009, con un correo como este:

Comencé a leerlo en el suplemento Futuro, hace varios años ya (creo que cuando tenía 14 años, recién tengo 19 de todas maneras ) y conseguí su libro De las tortugas a las estrellas. Nunca pensé que iba a tener la oportunidad de comunicarme con usted, pero bueno, quería felicitarlo por aquél libro, especialmente la manera de integrar historias ficticias y extrañas con la historia de la ciencia. Ahora estoy terminando Los Mitos de la Ciencia (excelente también), y lo he leído un par de veces en el suplemento de los jueves del Crítica.
Quería comentarle que usted, junto a otros como Isaac Asimov, Stephen Hawking, Carl Sagan y el español Eduardo Punset, son las personas que me marcaron un poco el camino para meterme de lleno en el mundo de la divulgación científica. [...] 

En ese momento no me había respondido, más adelante lo volví a contactar por redes sociales, y nos pudimos conocer. Me invitó a colaborar en Futuro, debatimos de mil temas, y discutimos mucho sobre algunas cuestiones de filosofía política. Nos borramos de Facebook como dos quinceañeras. Un día me respondió este correo que yo le había mandado cuando era más chico, que había olvidado, diciendo: "Nostalgia. Eran otros tiempos". Y nos volvimos a hacer amigos y compartir cafés. Nos dimos cuenta que era inútil discutir sobre algunas cosas, si estábamos tan de acuerdo en tantas otras. Y le daba un poco de verguenza que lo haya puesto en el mismo pedestal que Asimov, Hawking y Sagan, que también eran grandes para él (y no a Punset, que en los últimos años pasó de hacer entrevistas de neurociencia a casi de astrología).

Me enseñó mucho. Le gustaba cómo escribo, pero quería que sea menos peleador. Apuntar más a las cosas buenas de la ciencia, y no tanto a criticar a las pseudociencias "como hace Mario Bunge". Y por eso todos lo querían. Ahora veo su perfil y veo a la gente comentando cosas como "nunca fue egoista con el laburo: si una cosa hizo siempre fue dar trabajo", y docenas de personas contando cómo les abrió las puertas al mundo del periodismo de ciencia. A mí me abrió muchas puertas en este raro mundo de las publicaciones en papel. Y me siento representado en cada comentario que veo en su muro de gente que no conozco.

Leonardo supo convertirse en una leyenda, rodearse de la mística de aquel bar porteño, y dejar un genial legado. En los que tanto aprendimos de él, y en todo lo que todavía nos puede enseñar. Su último libro se publicó hace sólo un mes, se llama Historia de las Ideas Científicas: de Tales de Mileto a la Máquina de Dios. Tiene casi mil páginas, y se va a convertir necesariamente en un clásico.

Las leyendas son inmortales.



-En su blog publicaba algunas de las entrevistas que hacía a científicos argentinos (y todo tipo de geniales desvaríos), y sus colegas le dieron un cierre con una entrevista que le habían hecho a él hace un par de meses.
seguir leyendo...

sábado, 2 de agosto de 2014

Jipis de la nueva era (narración)


-Nos cansamos de los jipis de la nueva era. Esto no puede continuar así. Hoy son pocos, pero cada vez son más. Nos echan la culpa de todo. De la soja transgénica. De las estelas de los aviones. Del cáncer. Ninguno sabe qué es un transgénico. No saben que los aviones jet largan vapor que se condensa y forma esas líneas blancas en el cielo. Creen que es veneno. No lo saben, porque en sus años de secundaria se la pasaban fumando marihuana. Y ahora nos acusan de que estamos fabricando marihuana transgénica. ¡Por dios! Las acciones suben... sí, pero nuestra imagen pública... cae.

El principal asesor de márketing escuchaba atentamente, miraba las gráficas en la pantalla de su tablet y tomaba notas. Dudó, pero se animó a interrumpir al presidente frente a toda la comisión directiva.

-Señor, disculpe, quizás tengamos que invertir en nuevas campañas publicitarias, explicar mejor lo que hacemos.

-¿Para qué? Usted es un jovenzuelo, cree que conoce cómo son las cosas. Yo manejo esta empresa hace muchos años. Hemos comprado a senadores, periodistas. Tuve amigos jipis en los ‘60. Ya están muertos. Pero esta generación viene recargada. De estupidez e ignorancia. No les interesa la paz y el amor, sólo quieren imponer su visión retrógrada del Universo.

-¿Pero qué está proponiendo?

-Si me dejara hablar se enteraría. Ya hace tres años que Monsanto se alió estratégicamente con Pfizer. Ellos están igual de preocupados que nosotros por este tema.

Los árboles de Missouri se veían triunfantes y tranquilos desde el ventanal del cuartel general de la compañía. La ciudad vivía su vida como siempre, y en la entrada había tres o cuatro personas con carteles protestando contra cosas que desconocían. Todos los meses había manifestaciones de varias docenas, y el resto de los días se turnaban en pequeños grupos para sostener las emotivas y morbosas pancartas.
La comisión escuchaba atenta, tomaba notas, y esperaba la reveladora solución que les agrandaría los bolsillos y las cuentas en Suiza.

-La idea es aprovecharnos de la nueva moda jipi de no vacunarse. Monsanto le está girando secretamente fondos a Pfizer para desarrollar una vacuna contra el ébola, que ya está casi a punto.

-Pero es una enfermedad muy marginal, sólo hay algunos casos en Africa, ¿quién va a comprar estas vacunas?

-Me sorprende que se dedique al márketing, y no pueda ver el cuadro general de la situación.

Los jipis de la entrada iban a seguir sosteniendo sus pancartas, e iban a seguir sin vacunarse. En medio de una ciudad tranquila donde no pasaban muchas cosas.


Todavía.



---

Tranquilos, es ficción. Espero que sea ficción. Quizás más adelante siga publicando narraciones en el blog, o sino en la página fb.com/proyectosandia, o twitter.com/proyectosandia.
seguir leyendo...

jueves, 19 de junio de 2014

¿Los eBooks van a reemplazar a los libros de papel?


Me acerqué a la librería Ross de Rosario para consultar si tenían un libro en particular sobre Periodismo Científico. Me informaron que se había dejado de editar en 2005 y claramente no tenían ninguno en stock, así que fui al estante a revisar qué había. Encontré uno de temática similar que me interesaba y fui a averiguar el precio.

La chica lo pasa por el escáner y se queda pensando. Tipea algo y sigue pensando.

-Sale AR$60 (5USD). Pero esperá acá que parece que hay un problema.

Y se fue al otro piso, a donde supongo estaba el administrador. ¿Un problema? ¿Cuántos problemas puede tener un librero? Esperé 5 minutos y volvió.

-Mirá, este libro pertenece en realidad a los dueños anteriores de esta librería (Ross, que se vendió a principios de año) y nosotros (Cúspide) no lo tenemos en el sistema. Si lo querés, avisame porque tenemos que mandar un informe a Buenos Aires para que actualicen el registro y si lo aprueban te lo podamos vender.

Mi cara de asombro debe haber sido única. Por un momento me pregunté qué pasaría si le sugería pagárselo a ella, irme con el ejemplar y no dejar nada asentado. Sólo por el hecho de no meterme en semejante embrollo, pero supuse que podría meterla en problemas, así que me mantuve en el marco de la legalidad.

-¿Y cuánto puede tardar eso?

-No se, es la primera vez que pasa esto.

Ah, ¡qué afortunado!

-Bueno, ¿le puedo sacar una foto así lo bajo gratis de Internet?

-Sí, tomá.

Y me fui. Sin el libro que había ido a buscar por no tener stock. Sin el premio consuelo por una estupidez burocrática. Y con renovadas ganas de defender el concepto de libro electrónico. 


Con la llegada de los lectores en dispositivos móviles, empezaron a correr ríos de tinta (y sobre todo de píxeles) sobre si se acercaba el fin de los libros de papel. Y si el debate no empezó antes -los libros en PDF existen desde los '90-, fue porque la gente siempre argumentó que "leer en la PC hace cansar la vista". Claro, uno trabaja 8 horas frente al monitor, se pasa 4 horas más en Facebook, pero para leer un libro ¡Ay mis ojos!

Las opciones que hoy tenemos son muy variadas, y van desde dispositivos especiales para leer (tipo Kindle) que tienen pantalla opaca, sin luz, batería que dura un mes, y no cansa la vista; hasta software gratis para instalar en cualquier teléfono o tableta (mi preferido es Google Play Books porque permite poner un widget muy lindo, pero hay otros interesantes como UB Reader).

El libro fue inventado como un objeto para almacenar y transmitir información. Las ideas se pueden plasmar en texto, y este a su vez en papel que puede ser escrito, copiado, encuadernado, y leído por otros en casi cualquier momento y lugar. En otros momentos históricos el papel como soporte de información fue algo revolucionario: ocupaba mucho menos espacio que la roca, cerámica o madera tallada. Y supongo que en su momento los conservadores habrán pegado el grito en el cielo: "¡El papel se pudre, se rompe o se quema, no hay nada más eterno que la piedra caliza!". Lo cual es cierto, pero resulta más cómodo llevar un libro en el bolsillo que una pirámide esculpida.


Hoy tenemos tecnologías más avanzadas que el papel para almacenar y transmitir información (¿sabían?), y seguir leyendo de papel es un mero fetiche. Nos gusta sostener un libro, hojearlo, olerlo, subrayarlo, ponerlo en un estante, pero las librerías no tienen espacio y dinero infinito para almacenar todo lo que podemos llegar a querer leer. Y tampoco nuestra mochila. Me gustaría saber cuántas lesiones ha causado la colección de Juego de Tronos.

La pregunta: ¿Estas cosas raras del siglo XX van a reemplazar a los libros de papel?

Este es el quid de la cuestión. Aunque pareciera que voy a decir que sí, mi respuesta es un rotundo No. Como decía, el libro de papel es un fetiche, y no va a dejar de existir. Probablemente nunca. Pero el libro electrónico va a encontrar cada vez más su nicho en cualquier persona que quiera andar liviano.

Por ejemplo, si el primer título de Juego de Tronos pesa 1,4kg, y su versión digital 1,23 Mb, el Kindle más básico (que tiene 1Gb de memoria) nos permite almacenar el equivalente a una tonelada de papel. Podemos estimar que es un promedio de 1000 libros. El equivalente a leer 14 libros por año durante una próspera vida de 70 años de lectura. Da incluso miedo pensar que un lector de bolsillo puede guardar más de lo que vamos a leer durante toda nuestra vida.

Otro nicho que va a reemplazar es el de los libros de edición muy barata, esos impresos en papel muy fino, que manchan los dedos y se deshojan, con tapas horribles diseñadas en Paint. Los odio con todos los 21 gramos de mi alma, y si bien me encanta coleccionar libros, prefiero mil veces leer en el teléfono o el Kindle antes que en esas basuras que valen más como leña.

Con el tiempo los libros que van a ir quedando son las ediciones que valen la pena. Esos que estamos orgullosos de mostrar sobre la mesa o estantería, con lindos diseños, imágenes y maquetados, lomos cosidos o incluso tapas duras, dedicatorias personales y por qué no, firmas del autor.


Opiniones y noticias de ciencia todos los días en @proyectosandia y fb.com/proyectosandia
seguir leyendo...

miércoles, 4 de junio de 2014

Qué son esos planetas nuevos que se descubren todas las semanas


Ya se volvió rutina que todos los meses se descubran planetas. ¿Dónde están? ¿Qué son? ¿Por qué no los vieron antes?

Los exoplanetas, o planetas extrasolares (aunque pueda parecer obvio) son planetas que orbitan estrellas que no son el Sol. Fueron desde siempre la fantasía de astrónomos y filósofos, y recién en 1992 se descubrió el primero. Hasta 2013 se habían descubierto un total de cerca de mil, y sólo en 2014 van 818. En esta gráfica se muestran cuántos se vienen detectando por año. Los colores corresponden al método de detección que usaron. Verde es el método de tránsito que se explica a continuación, azul es el de velocidad radial o bamboleo producido por la estrella si el planeta está muy cerca. La estrella madre se acerca y aleja de nosotros, y eso produce una variación en su color, producto del Efecto Doppler. Similar al cambio de tono del sonido de una ambulancia cuando pasa al lado nuestro, pero con la luz.



Son casi imposibles de ver. Imaginense intentar ver un grano de arroz al lado de una potente lámpara a miles de metros de distancia. Por eso las imágenes directas son raras, y se representan con el color rojo.  la forma de detección más común es el "tránsito". Los potentes sensores de algunos telescopios detectan si la estrella pierde un poquito de brillo cada tanto. Observan con más detenimiento, y calculan si esa merma de luz se debe a que un planeta está pasando delante suyo.

Variación del brillo de una estrella producida cuando un planeta pasa frente a ella

La mayoría de los que se descubren son planetas gigantes, simplemente porque son más fáciles de ver, pero cuando se calcula su masa mediante el "bamboleo" que producen con su estrella, todos solían tener una densidad similar a Júpiter y los demás planetas gaseosos.

El Telescopio Espacial Kepler fue diseñado especialmente para buscar exoplanetas con estas técnicas, y enviado al espacio en 2009, pero desde 2013 se encuentra fuera de servicio.

Kepler-10c es el primero que tiene un tamaño tan grande (diámetro de dos veces y media la Tierra), y una densidad similar a la Tierra.

Se encuentra a 560 años luz de nosotros. Demasiado lejos. A la velocidad de la sonda Voyager I, uno de los vehículos que alcanzó mayores velocidades construidos por el hombre: 62.000 Km/h, tardaríamos casi 10 millones de años en llegar. Ningún exoplaneta está a nuestro alcance, ni con la tecnología que existe hoy, ni aun aumentando multiplicando por mil la velocidad máxima de nuestras naves.


Otro dato interesante sobre Kepler 10-c es su edad. La estrella que orbita que orbita es de las primeras que se crearon en el Universo, tiene 11.000 millones de años. No sabemos nada sobre su composición, además de que debe ser rocoso por su densidad, así que estamos muy lejos de especular si hay condiciones viables o no para la vida. Lo que sí podemos hacer es analizar si está en lo que se llama "zona habitable", una zona que no está muy lejos ni muy cerca de la estrella, por lo que no haría demasiado frío ni calor. En este artículo se desarrolla un poco más el tema.

Finalmente, Godzilla. Uno de los científicos que participó en el descubrimiento lo mencionó en el comunicado de prensa del Centro de Astonomía Harvard-Smithsonian, sólo porque es grande. Pero no se observó a Godzilla ahí. Todavía.

De esto, además de un poco de astronomía, podemos confirmar que para que una noticia llegue a todos lados, además de ser interesante tiene que tener un buen título.

Paper: The Kepler-10 planetary system revisited by HARPS-N: A hot rocky world and a solid Neptune-mass planet.
seguir leyendo...

jueves, 29 de mayo de 2014

Carl Sagan nunca dijo "billions and billions" en Cosmos


Me desilusionó mucho enterarme de que la frase que quizás más representa a Carl, nunca fue pronunciada en Cosmos. Y el encargado de derrumbar este mito fue él mismo en el primer capítulo de su libro de publicación póstuma, que no casualmente lleva el título: "Billions and billions".

Su argumento es que billions and billions ('miles y miles de millones', aunque cuya traducción exacta sería algo así como 'millares y millares') es que la frase en realidad no significa mucho:
Es cierto que pronuncié muchas veces la frase «miles de millones» en la popularísima serie televisiva Cosmos, pero jamás dije «miles y miles de millones»; por una razón: resulta harto impreciso. ¿Cuántos millares de millones son «miles y miles de millones»? ¿Unos pocos? ¿Veinte? ¿Cien? «Miles y miles de millones» es una expresión muy vaga. Cuando adapté y actualicé la serie me entretuve en comprobarlo, y tengo la certeza de que nunca he dicho tal cosa. 
Carl comenta que quien sí dijo la frase fue el humorista e imitador Johnny Carson, aunque no tiene idea de por qué quedó tan grabada en el imaginario popular. En el libro propone una hipótesis: antes "millón" era sinónimo de mucho, pero hoy algunas cifras de la astronomía (que están cada vez más al alcance del público) y otras como los presupuestos gubernamentales se miden en el orden de miles de millones, por lo que tiene sentido que se haya empezado a adoptar una escala más grande como sinónimo de "mucho". Incluso dice (en 1996) que esas cifras se están quedando cortas, y se escucha cada vez más la palabra "billón" (trillion en inglés). Y no estaba muy errado, hoy nos levantamos un día y vemos que Facebook compró Whatsapp por 19.000 millones de dólares. Casi con la naturalidad que una una señora compra un kilo de manzanas en la verdulería.


Sea cual sea la razón, el éxito llegó a tal punto que la gente literalmente lo paraba en la calle para que la pronuncie. Y cito textual del libro: "Pero nunca dije tal cosa", "No importa, dígalo de todas maneras".

En el mismo capítulo reconoce que no es la primera vez que pasa algo así. Sherlock Holmes por ejemplo, nunca pronunció "Elemental, mi querido Watson" en ninguna historia. Los reto a que lo busquen, yo me di cuenta cuando llevaba unas tres docenas de cuentos leídos y recuerdo haber pensado: "¿Cuánto falta para encontrar esa frase que Sherlock dice siempre?".

Por último, aquí hay un compilado de casi todas las veces que el buen Carl dijo "millions", "billions" y "trillions", siempre usando la palabra adecuada en el contexto exacto, y nunca se oye "billions and billions".



-Si tienen problemas para entender las traducciones de estos enormes números, no se pierdan el artículo El problema del billón, donde intenté aclarar un poco el asunto.

-El Libro de Sagan "Miles de millones" en PDF

-Todo el archivo escaneado de manuscritos y notas de Carl, donado por su mujer Ann Druyan, y Seth MacFarlane a la Biblioteca del Congreso de EEUU. Incluye, videos, fotos, cartas y manuscritos de libros.
seguir leyendo...