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La atmósfera terrestre es una delgada capa de aire que cubre nuestra única casa posible en todo el Universo. Desde el espacio se puede apreciar su fragilidad. Las emisiones humanas la están alterando, poniendo en peligro la vida sobre la Tierra. 

Podemos empezar el resumen de la actualidad climática de los últimos meses con un curioso estudio [1]. Nick Cowern y Chihak Ahn de Newcastle University (RU) señalan un problema que nadie había notado hasta ahora. Según ellos aunque redujéramos las emisiones de dióxido de carbono como para disminuir su contribución al efecto invernadero no eliminaríamos el riesgo de calentamiento global. 
Según los modelos actuales reduciendo las emisiones de CO2 se podría reducir el calentamiento global a partir de 2050. Lo malo es que



 hasta ahora nadie había tenido en cuenta la disipación de calor que siempre se produce al generar y consumir energía, independientemente de la fuente utilizada para producirla. Es algo que se ve en cualquier curso básico de termodinámica. Según los cálculos de estos dos autores y suponiendo un aumento del consumo de energía del 1% anual (inferior al que se ha dado en épocas recientes) la disipación de calor compensaría la reducción de emisiones de CO2 para 2100. Aunque el efecto no es muy grande ahora crece conforme consumimos más energía.
Bajo este punto de vista la energía solar o eólica se presentan bastante mejor que la nuclear o la térmica con secuestro de dióxido de carbono, ya que la energía de origen renovable termina finalmente disipándose en forma de calor de todos modos se aproveche o no y la energía nuclear añadiría inevitablemente más calor al sistema climático.

Una vez más, aseguran que el calentamiento global es culpa de las actividades humanas. Un trabajo [2] realizado por un grupo de científicos dirigidos por Alexey Karpechko así lo confirma.
El calentamiento provocado por el ser humano debido a las emisiones de gases de efecto invernadero estaba fuera de discusión en las regiones no polares. Sobre éstas zonas polares algunos expertos todavía tenían alguna duda, pero no será así a partir de ahora. Otra vez se descarta al Sol como causante del calentamiento.
Irónicamente el estudio también dice que si la capa de ozono se restaurara el calentamiento sería aún mayor en esas zonas polares.

Disminuye el hielo polar y el de los glaciares

La USGS norteamericana ha realizado un estudio [3] de los glaciares de Alaska y al parecer todos ellos se encuentran en retirada. Para ser exactos el 99% de ellos. Pero el valor principal del estudio reside en la extensa recopilación de información realizada y que permitirá a los expertos del futuro efectuar mejores comparaciones y ver la evolución de las temperaturas, retroceso glaciar y otros indicadores del cambio climático.
Como ejemplo de lo que esta pasando nada más sencillo que comparar diversas fotografía a lo largo del tiempo.

También se ha publicado un estudio [4] [5] en el que se dice que la capa de hielo ártica adelgaza. En su parte oeste sobre el mar se produce el efecto más fuerte, siendo ahora un quinto más delgada si la comparamos con el promedio de los últimos cinco inviernos. En el Ártico en su conjunto el adelgazamiento ha sido de un 10% en promedio. Estos datos están basados en medidas directas realizadas con sistemas de radar desde satélite.
Esto es importante porque algunos creían que la reducción de la extensión de los hielos se podría ver compensada por su grosor. Gracias a este sistema se puede calcular el volumen total de hielo, comprobando que disminuye en el tiempo.

Un informe de la WWF [6] señala que un aumento de las temperaturas en dos grados centígrados o menos ya es suficiente para eliminar el casquete de hielo polar oceánico norte y la capa de hielo de Groenlandia. Advierten que las consecuencias ya son devastadoras y lo serán aún más en el futuro.
Parece que los habitantes de Groenlandia han escuchado estas predicciones y en una muestra más de egoísmo humano han votado por tener derecho a independizarse de Dinamarca en el futuro. Groenlandia es una zona autónoma (y subsidiada) de ese país y en la actualidad recibe la mitad de sus ingresos del continente europeo. Sus habitantes especulan y apuestan con que en el futuro la eliminación de la capa de hielo que cubre casi toda la región dejará al descubierto grandes reservas de minerales y petróleo que podrán explotar y, de este modo, tener grandes ingresos. Siendo independientes no tendrían que compartir el “botín” con la metrópolis.

Thomas Crowley de la Universidad de Edimburgo y William Hyde de la Universidad de Toronto publican en Nature un estudio [7] en el que mantienen que el calentamiento global detendrá la próxima glaciación. Las glaciaciones se dan principalmente por motivos astronómicos y se han producido varias en la última era geológica. Según estos autores y su modelo, el nivel de CO2 actual ya es suficiente como para no llegar a la próxima glaciación. Obviamente insisten en que este resultado no justifica las emisiones humanas, sino todo lo contrario: es una llamada de atención sobre lo que está pasando.
Algunos autores mantienen que las glaciaciones son beneficiosas para la biosfera. Aunque en las regiones más septentrionales hace más frío y se cubren de hielo, esto se ve compensado con lo que ocurre en el resto del planeta. El nivel del mar baja y hay más terreno expuesto. Desaparecen los desiertos y en conjunto las zonas cubiertas por vegetación son mayores que en los periodos interglaciares.

Algunos de los seres que ya están pagando la factura del calentamiento global son los gusanos, arañas de mar, erizos y otras criaturas que viven en aguas someras de las regiones antárticas transitadas por icebergs.
Nuevos datos [8] indican que debido al aumento de temperatura estos témpanos de hielo pulen más el lecho marino en esas regiones, llevándose consigo a los organismos que allí habitan.
El problema se debe a que la duración del invierno se ha acortado debido al calentamiento global y esto altera la dinámica de los icebergs que finalmente destruyen los fondos marinos a un ritmo por encima de lo normal. Es precisamente en esas regiones antárticas en donde se da la mayor diversidad de vida marina de todo el Antártico, con numerosas especies que se descubren en cada incursión de exploración.

Contrariamente a lo que algunos piensan, las zonas tropicales sí sufre el cambio climático. Aunque el deshielo de las zonas polares es espectacular y ya se aprecia a simple vista, las selvas también sufren las consecuencias del calentamiento global. En un estudio publicado en Science [9] [10] se pone de relieve el problema.
En las zonas tropicales las temperaturas han aumentado 3/4 de grado desde 1975 y predicen otros 3 grados a lo largo de este siglo.
En las zonas tropicales montañosas de Costa Rica, donde se ha hecho el estudio, las distintas especies han subido en altura para así compensar el aumento de temperatura. Las que viven en los valles difícilmente podrán emigrar a algún lugar para compensar el efecto.

Problemas en el mar

El problema de la acidificación del agua del mar sigue estando ahí mientras las emisiones atmosféricas continúen. En Scientific American repasan el problema [11].
Estas emisiones han provocado que el pH haya pasado de 8,2 a 8,1 (pH más bajo significa más ácido). Este cambio es el que se daría en 5000 ó 10.000 años en circunstancias normales, pero se ha dado solamente en 50 u 80 años. Se espera que baje 0,4 unidades a mediados de siglo y 0,7 a finales del mismo. Situación desconocida en el planeta en los últimos 25 millones de años.
Ya hemos hablado en estas páginas de lo que supone para la fauna y flora marina un cambio en el pH. Algunas de las criaturas marinas no podrán, o verán comprometida su capacidad de construir conchas y exoesqueletos. Algunas otras podrán sobrevivir durante un tiempo y otras, aunque no se basen en la química del carbonato, no podrán soportar el cambio del pH. Muchas no tendrán tiempo para adaptarse y desaparecerán. La alteración en la red alimenticia será grande.
Cuando en el pasado se dieron episodios rápidos de acidificación oceánica se produjeron extinciones masivas. Hace 250 millones de años una actividad volcánica fuera de lo normal entre otras cosas acidificó los océanos y provocó la gran extinción masiva del Permico-Triásico.
Por desgracia los políticos y activistas están tan pendientes del aire que se están olvidando de los mares.

Las zonas muertas de los océanos del mundo están creciendo. Esas regiones carecen prácticamente de oxígeno y por tanto de vida. Además de representar un problema ecológico inmenso, suponen graves pérdidas para la industria pesquera.
Estas zonas han ido creciendo en el tiempo salvo contadas excepciones. La culpa se debe al abuso que en el pasado se ha hecho de los fertilizantes (compuestos de nitrógeno) que finalmente terminan en el mar al cabo de los años. Éstos hacen que las algas crezcan desmesuradamente consumiendo todo el oxígeno. También se debe al uso de combustibles fósiles. El uso de gasolinas y gasóleos aumenta las emisiones de óxidos de nitrógeno. Las reacciones químicas los convierten en nitratos, las lluvias los lavan y finalmente terminan en el mar con las mismas consecuencias que los fertilizantes [12].
La estratificación por capas del agua en estas regiones hace que la recuperación de estas zonas sea muy difícil. Por poner sólo un ejemplo la zona muerta frente a New Jersey mide ya 22.000 kilómetros cuadrados.

Mientras tanto parece que los viejos problemas de los años ochenta todavía tienen consecuencias. La lluvia ácida debida al uso de carbón con altos contenidos de azufre causó estragos en ciertas regiones en esos años. Además, este tipo de contaminación se “exportaba” sin querer de unas regiones a otras. Uno de los casos típicos fueron las emisiones británicas que causan lluvia ácida en Escandinavia. Gracias a un esfuerzo internacional se consiguió bajar las emisiones.
Steve Ormerod y sus colaboradores de Cardiff University han vigilado la temperatura y la acidez de 14 cursos de agua en Gales (RU) durante los pasados 25 años [13]. Esperaban ver una mejora en los ecosistemas gracias a la reducción de las emisiones. Al parecer no es así, el cambio climático ha cambiado el régimen de lluvias en la región, con más lluvia en invierno, dando a los cursos de agua menos oportunidades de disolver iones básicos y contrarrestar así la acidez. Además de problemas de acidez han podido comprobar que hay exceso de nitratos, especies invasoras, etc.
Este científico y otros expertos creen que el cambio climático empeorará este y otros aspectos, amplificando otros problemas ya existentes.

¿Soluciones?

Si el origen del calentamiento global es el dióxido de carbono lo ideal sería fijarlo de alguna manera a la corteza terrestre. Se viene especulando con la idea de su secuestro desde hace años.
Unos científicos creen que sería posible secuestrar dióxido de carbono en el subsuelo oceánico en la placa de Juan de Fuca, situada en la costa oeste de los EEUU. Se basan en los estudios realizados sobre perforaciones realizadas en la región [14].
La roca del subsuelo de esa zona es porosa y contiene agua. Los experimentos de inyección de dióxido de carbono a alta presión parecen prometedores. La tarea no es fácil, solamente el lecho oceánico está ya a 2500 m de profundidad.
Otros experimentos de bombeo de CO2 en rocas basálticas en Islandia también parecen prometedores. En este caso el gas reacciona con la roca produciendo carbonatos, por lo que el dióxido de carbono no puede ser liberado de nuevo. Hay rocas basálticas en otras partes del mundo que podrían servir para este fin.
Sobre la idea del secuestro de dióxido de carbono la última idea es el uso de peridotita. Peter B. Kelemen y Jürg Matter, de la Universidad de Columbia, han estudiado los procesos de carbonatación de una parte del manto interno de la Tierra que se encuentra expuesto al exterior en una zona del Sultanato de Omán llamada Samail. Estudio [15] del que se han hecho eco los medios de comunicación tradicionales.
En ese lugar, la carbonatación de peridotita podría absorber muchas toneladas de CO2 si éste es inyectado a presión en el subsuelo. Según los autores, el procedimiento podría secuestrar más de 1.000 millones de toneladas de CO2 (el doble de lo que un país como España emite ahora) cada año sólo en la parte estudiada en Omán. Hay otras regiones de la Tierra con este mismo tipo de formaciones rocosas. La idea consistiría en construir plantas térmicas en esos sitios y así no tener que llevar el CO2 de un lado a otro.
En todo caso este tipo de soluciones son muy caras.

Una de las esperanzas que había para que los niveles de dióxido de carbono no subiera tan rápidamente residía en la capacidad de las plantas silvestres para almacenarlo. Conforme las temperaturas suban más zonas del hemisferio norte serán propicias para el crecimiento de árboles y arbustos que almacenarán carbono en sus tejidos. O, al menos, así es en teoría.
En experimentos controlados [16] realizados en Groenlandia y protegidos de los herbívoros se pudo comprobar que efectivamente así podría ser, calculando que se daría un incremento de la biomasa de un 85%. Sin embargo, en áreas no protegidas comprobaron que los caribús se comían las plantas y plantones. Debido a esta acción la biomasa caía en un 19%. Según los expertos que hicieron estas pruebas los modelos informáticos que tratan de predecir los niveles de CO2 en el futuro sobreestiman el efecto esponja de esas regiones en un 10% como mínimo. Es decir, habrá más dióxido de carbono de lo que los modelos actuales predicen.

No obstante la respuesta de las plantas a mayores niveles de dióxido de carbono atmosférico es más compleja de lo pensado. Expertos de la Universidad de Rice tienen una instalación en donde pueden mantener a distintas especies de plantas a diferentes niveles de dióxido de carbono y a la vez mantener un alto grado de control sobre varios parámetros permanentemente. En un experimento de cuatro años [17] comprobaron la compleja relación entre el suelo y las plantas a la hora de almacenar y liberar CO2.
Descubrieron, por ejemplo, que un año particularmente cálido tenía como consecuencia una menor absorción de dióxido de carbono en los dos años siguientes, concretamente se retenía sólo un tercio del dióxido de carbono que en años normales.

Puestos a buscar soluciones a las emisiones algunos han pensado en fertilizar los bosques. Scott Ollinger de la Universidad de New Hampshire ha analizado el dosel vegetal en 181 bosques a lo largo de EEUU [18].
Ha medido el albedo de los bosques y la cantidad de CO2 absorbida por los árboles concluyendo que la concentración de nitrógeno en las hojas del dosel es un buen indicador de la capacidad de absorción de CO2 y que cuanto más hay mayor es su capacidad de reflejar la luz del sol. Ambos factores disminuyen la temperatura global. Una extrapolación directa hace pensar que fertilizando con nitrógeno los bosques se conseguirían disminuir la temperatura global, pero esto no está nada claro. Todavía hay que realizar más estudios, sobre todo porque esta práctica también podría provocar otros problemas.

Por último expertos de la Universidad de Texas sugieren en un artículo publicado en Science [19] [20] que quizás sea necesaria la asistencia humana a la emigración de determinadas especies para que así tengan más oportunidades de sobrevivir al cambio climático.
Debido a la existencia de barreras naturales algunas especies no pueden emigrar a zonas más adecuadas y necesitarían la ayuda del ser humano. Según ellos habría que empezar con especies que estén en peligro de extinción. Advierten que es necesario un estudio previo para cada especie y que no siempre será posible.

Aunque ha habido más resultados sobre este tema lamentamos no poderlos cubrir. Sin embargo los aquí expuesto son representativos.

artículo extraído enteramente del caché de google de Neofronteras, que estaba caído en ese momento



1 comentario:

  1. jose francisco montiel temoltzi31 de agosto de 2010, 20:03

    Me parece interesante y de gran importancia este tema y yo les doy mi gratitud por pensar en la vida organica e inorganica de nuetro planeta

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